Diario Sur

LÍNEA DE FUGA

LABRA PERFIDA

Hay una sombra de hollín en el suelo con los restos de una moto quemada. Alguien recuerda la decisión que tomaron hace décadas algunos vecinos de Kreuzberg, el antiguo barrio turco en el Berlín oriental, después de la reunificación alemana, cuando aquellas calles se convirtieron en la zona de moda por sus alquileres baratos y su extensa oferta cultural: cada poco tiempo le prendían fuego a un vehículo abandonado en la calle para ofrecer una imagen de conflictividad social que no se correspondía con la realidad, pero que alejaba por un tiempo a inversores y especuladores inmobiliarios.

Esa mancha oscura como un beso en la boca está más cerca, a sólo unos pasos del estudio de Los Interventores, que estos días muestran el proyecto de Victoria Maldonado titulado 'Labra perfida', que quiere decir 'labios pérfidos' en latín. Seis grabados metidos en una caja de madera de pino cubierta por dos tapas de cartón reciclado, tachonado con cuatro tornillos plateados como las placas que bautizan las calles y las lápidas de algunos cementerios. Un libro de artista que es una delicia maravillosa. Los Interventores son Alfonso Silva y Javier Hirschfeld y ambos han llevado hasta el papel las esculturas que Victoria presentó hace un año en Casa Sostoa. Victoria cuaja sus pequeñas esculturas metiendo un trozo de tela cosida en porcelana a 1.200 grados. El resultado es una serie de siluetas blancas que recuerdan a esqueletos de animales imposibles y frágiles, a pañuelos de papel tirados sobre la cama en un escorzo cuajado de lágrimas, de fluidos más densos si acompaña un poco la suerte.

Los Interventores se mudaron hace no tanto al estudio que antes ocupaba el Espacio Cienfuegos, cuyo nombre viene de ese pasaje a la espalda de la plaza de La Merced. Los de Cienfuegos se fueron a El Molinillo, el local lo ocuparon durante unos meses Los Interventores, que tras el verano se movieron a la calle Vital Aza, más adentro del corazón de Lagunillas. Y esa franja de casas y gratifis, de orgullo y prejuicios entre la Victoria y El Ejido se parece cada vez más a la primera línea de la novela 'El amante' de Marguerite Duras, donde la protagonista confiesa aquello de «muy pronto en mi vida fue demasiado tarde».

Muy pronto se ha puesto de moda Lagunillas para que los edificios cambien de manos y los alquileres, de precios. La cochambre y el olvido acampan en solares abandonados entre inmuebles convertidos en 'bed and breakfast', que son las pensiones de toda la vida, pero con ambiente cuqui, muebles de Ikea y desayuno ecológico. La presión inmobiliaria supone ya una amenaza real para los artistas y colectivos que con su actividad han intentado sacar del coma a esta zona de la ciudad dejada a su suerte por las instituciones públicas durante décadas. Habrá quien vea en la llegada al barrio de inversiones una señal de recuperación, de progreso, de futuro. Vale. Pero si esos negocios no van acompañados de equipamientos, servicios y acciones encaminadas a repoblar la zona a través de alquileres sociales e incentivos fiscales, ese futuro del que hablan será un futuro de recepcionistas, lavanderos y camareros para los turistas que se alojarán allí unos días, harán la compra en el 'chino' de la esquina y después se irán por donde han venido.

El plan parece cada vez más claro y extendido en el mapa y lo quieren con papeles, que el centro de la ciudad deje de ser 'zona residencial' para convertirlo en 'zona turística', vaciarlo de vecinos y negocios locales, cerrar al tráfico las calles para dejar sitio a las mesas y las sillas de las terrazas. No quieren comercios, quieren bares. Lo han demostrado muy cerca de Lagunillas, en el Mercado de La Merced, con los tenderos arrinconados por el postureo gourmet. Vendieron un Mercado de San Antón en La Merced, un Fuencarral en Galerías Goya y un Soho en el ensanche del puerto. Y esos espejos devuelven un reflejo poco favorecedor para sus pretensiones, una triste imagen deformada de sus intentos de apropiación de modelos ajenos, tomados a falta de la capacidad y el talento necesarios para crear -o al menos favorecer- una identidad propia.

Algo de eso despuntaba en Lagunillas. Ahora han llegado los focos, los suplementos de tendencias, la amenaza de la especulación, oscura como la sombra de una moto quemada, como unos labios pérfidos.