Diario Sur

Un sueño

Algo tiene el baloncesto cuando más de quince mil personas de ocho ciudades distintas se reúnen en un pabellón en mitad de febrero para ver un partido tras otro hasta siete en cuatro días. Mucha pasión debe guiar a varios centenares de malagueños para que se crucen España de punta a punta en autobús, en coche, en tren o en avión para ver al Unicaja en Vitoria. El que nunca ha vivido en directo una Copa del Rey difícilmente entenderá esa bendita locura; el que la haya disfrutado alguna vez sentirá envidia por no volver a evocarla. Lo realmente curioso de esta aventura es cuando esos aficionados deciden emprenderla siendo conscientes de que en la escasa lógica que guía al deporte se encontrarán con la derrota de su equipo. Tal es así que solo una vez la alegría presidió el camino de regreso. Ocurrió en 2005 en Zaragoza, y desde entonces cada año el deseo es el mismo: ver a su equipo levantar el trofeo ante una colorista muchedumbre absorta de tamaña sorpresa. Soñar es lo único que sale gratis en esta vida. Ya lo canta Ketama: «No estamos locos, que sabemos lo que queremos, vive la vida como si fuera un sueño...»

El partido que enfrentará esta noche al Unicaja y al Barcelona está además rodeado de épica, que por otro lado es la salsa que adereza el deporte. Nunca el conjunto malagueño eliminó en competición nacional al equipo azulgrana. Así que la gesta está servida, y quizás eso es lo que alimenta el morbo de presenciar in situ algo inédito por primera vez, que dicen que es la única que no se olvida. La mística que rodea este enfrentamiento salpica la actualidad desde que allá por el 95 la modestia se apoderó del protagonismo osando cuestionar la supremacía de quien se sentía superior. La Liga la ganó el Barça, pero el equipo que entrenaba Javier Imbroda se dio a querer hasta tal punto que su empeño y su lucha por cambiar el curso de la historia permanecieron indelebles en los corazones de todos los aficionados de España.

Desde ese día, mágico pese a la derrota, histórico pese a las lágrimas que derramaban tanta tristeza como satisfacción al reconocimiento del trabajo bien hecho, el Unicaja mantiene la fe en que la vida le devuelva lo que rozó con las yemas de los dedos, eso que en el deporte se llama éxito. Nunca cejará en el intento de voltear su suerte, y en este viaje hasta tierras alavesas existe el convencimiento de que esta noche el cielo será recorrido por una estrella que anunciará la buena nueva. A eso de las once de la noche el verde esperanza recorrerá todos los hogares malagueños como cada Jueves Santo en la Semana Santa de nuestra tierra. Amén.