Diario Sur

OJO DE HALCÓN

EL REFLEJO DEL CLUB

Si la pasada temporada el equipo salvó al club, en esta es el reflejo del club. El Málaga es una entidad sin organización, estructura y, sobre todo, liderazgo. Funciona a impulsos, al libre albedrío de unos propietarios que no quieren mandos internos y que sólo viven del presente. Quedó más que demostrado con el despilfarro de millones. Aquella falta de planificación casi costó la desaparición, evitada gracias a los traspasos a precio de saldo. El criterio se ha perdido a medida que han crecido los arrebatos. Así se ve en el campo a este Málaga que se mira en el espejo del club. Sin orden ni concierto. Igual que en las oficinas nadie tiene capacidad para tomar una decisión, en el campo escasean los líderes. Vemos despegarse a siete u ocho clubes y también asentarse al Eibar o a Las Palmas. En el momento clave de la expansión de LaLiga, el Málaga corre el riesgo de quedarse atrás por vivir muy alejado de la realidad. Los sueños de grandeza de Al-Thani ya no cuelan, el discurso de Arnau agota y los mensajes de Romero parecen propios de un futbolista (porque esa es aún su mentalidad), no de un entrenador. De hecho, escuchar las excusas del uruguayo o de Pablo tras la derrota frente al Espanyol prueban que en La Rosaleda todo el mundo está desbordado. Al aficionado ya sí le preocupa mucho la marcha del equipo, plagado de jugadores sobrevalorados, sin piezas fundamentales (un delantero centro de verdad y un recambio del castigado Camacho) y con un tipo en el banquillo entrañable a la par que demasiado inexperto. Pero, mientras miramos a los tres de abajo para que no ganen, no vendría mal fijarse más allá. En el futuro, no en el presente. Ahí el riesgo de ser un club menor, sin más objetivo que la supervivencia, es mayúsculo.