A BOCAJARRO

SÍ, PERO CON MATICES

El debate está en la calle, en los vestuarios y en las altas instancias. La aplicación de la tecnología en el fútbol español para aclarar entuertos arbitrales parece sólo una cuestión de tiempo. 'Goles fantasma' los hubo siempre, pero ahora causa bochorno que un balón traspase medio metro la línea de meta y no se conceda gol en la mejor Liga del mundo -y no la Premier, por más que sea la mejor organizada y la que maneje más dinero, pero no mejores futbolistas-, cuando los otros grandes torneos nacionales europeos ya vienen usando el 'Ojo de Halcón'. Ahora bien, el 'quid' está en cómo introducir la tecnología. Me sigue sorprendiendo cómo algunas encuestas en nuestro país aún detectan rechazo al 'Ojo de Halcón', que sólo podría aportar a nuestro fútbol rigor y justicia. Este artilugio no ha generado polémica alguna en el tenis y más allá del gasto obligado para aplicarla (el desembolso no tiene relieve en el contexto actual de LaLiga) su única injusticia es que difícilmente tendrá encaje en todas las categorías nacionales, aunque al fin es el fútbol de élite el que monopoliza casi todas las tertulias y debates. ¿Y el videoarbitraje? Aquí está el problema. En rearbitrar acciones que son de interpretación. Una mano intencionada o no; un penalti que se mueve en la frontera del reglamento, una agresión o un golpeo involuntario al rival... Me acuerdo del impacto en la Copa de Aduriz a la 'nuez' de Umtiti, que se quedó casi sin respiración. Pareció real, pero ¿cuánta simulación y picardía puede provocarse al respecto para que se rearbitren y se fuercen expulsiones en el rival? El vídeo, que se aplica ya para rearbitrar en todos los deportes de equipo menos el fútbol, puede ser muy eficaz, eso sí, en el fuera de juego. Bien que lo sabe el Málaga, que en las dos últimas jornadas (ante el Real Madrid y Osasuna) habría sumado tres puntos más por sendos 'offside'.

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