LA ROTONDA

Los 140 del metro

En el caso del metro al Civil ya es evidente que ese supuesto rechazo vecinal casi unánime, en el que el alcalde ha basado toda su estrategia para boicotear el proyecto, no era tal, ni de lejos. Se lo dijo una encuesta, a la que no dio la más mínima credibilidad porque la había encargado la Junta. Se lo dijeron los principales partidos de la oposición, los empresarios, los sindicatos y varios colectivos ciudadanos y vecinales, pero tampoco se los creyó. Se lo dijimos algunos periodistas con muchos años de profesión, casi la mitad de los cuales los hemos pasado informando sobre polémicas similares en otros barrios. La memoria es débil y ya no nos acordamos de la Carretera de Cádiz en 2006. Ni caso.

Ahora se lo ha dicho la calle. Alto y claro. A estas alturas ya es imposible que nadie se crea que 140 manifestantes, contados por los informadores; 200, según la Policía Local y 300, según los convocantes, da igual, son una muestra representativa del sentir de la ciudadanía. No lo son, en ningún caso, en un distrito donde viven más de 60.000 personas. Nada queda de ese «Gamonal» que alguien pretendió decir que sería Eugenio Gross si vieran llegar las máquinas. Dicho con el máximo respeto para todas ellas y para sus opiniones, no son ni siquiera la población de uno de los bloques que tienen su dirección en esta vía o en Blas de Lezo. Es como si una comunidad de propietarios, en su junta mensual, decidiera qué se hace y qué no en una ciudad de 600.000 habitantes. Si todos ellos se montaran en un vagón, todavía quedaría sitio para muchos viajeros más.

De la Torre dice ahora que más que los convocados, le merecen credibilidad las 13.000 firmas que se han recogido en el barrio. Habría que preguntarle qué ocurre con las 30.000 que reivindican un bosque urbano en los terrenos de Repsol, y si seguirá el mismo criterio. Por esa regla, ¿se hará el gran parque que tantos miles de malagueños han decidido como la mejor opción para esa parcela? La respuesta ya la sabemos.

El regidor se equivocó al dar su respaldo ciego a quienes hicieron casus belli del metro, arietes en la guerra eterna que él mismo mantiene contra la Junta. Y resulta que no era tanta la saña ni tantos los soldados. El caso ahora es sostenella y no enmendalla, ese miedo atávico a rectificar los errores que amenaza con llevar a la ciudad a años de juicios y a una deuda millonaria durante décadas. Pero aún hay esperanza. Francisco de la Torre ha demostrado a lo largo de su larga y fructífera carrera política tener altura de miras. Alcalde, por el bien de Málaga, recapacite.

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