Diario Sur

LÍNEA DE FUGA

Hacer

Algunos afectos irracionales crecen en la infancia y la primera juventud para quedarse a vivir el resto de los días con la fortaleza de los buenos recuerdos, quizá un poco inventados, pero nuestros al fin y al cabo. El equipo de fútbol, algunos escritores, cantantes y grupos de música forman ese núcleo duro casi indemne a la vergüenza (propia o ajena) que pueda asomar tiempo después de manera retrospectiva. Sin ir más lejos que yo mismo, he pasado algunas de las mejores noches de mi adolescencia en la cama con Jesús Quintero. Escuchando, se entiende, la fauna extraña de sus programas: 'El perro verde', 'El lobo estepario'. De uno se me quedó clavada una frase, un poco engolada como casi todas las suyas: «Quejarte es admitir que has perdido». Suelo enlazarla con otra menos pomposa que me dijo un galerista con el negocio en Málaga, que es una forma bastante ilustrativa de llevarle la contraria a la realidad: «Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores».

Jesús Quintero y su bufanda han estado esta semana en la ciudad para participar en el congreso sobre la entrevista organizado por la Fundación Manuel Alcántara sólo un par de días después de que Alcántara cumpliera 89 años. Ha dejado por escrito Alcántara que mientras a todo el mundo le preocupa tener una vida larga, él ha intentado siempre tenerla ancha, quizá para que le quepan los amigos. Algunos se juntaron el viernes en un almuerzo con Alcántara, que sigue tomándose la vida a sorbos, ni demasiado en serio ni demasiado en broma, como el juicio que pedía Julio Camba para sus columnas.

Alcántara sigue dejando la queja para más tarde, amarrado a la columna de cada día. Hacer para seguir, para vivir. Hacer como declaración de intenciones, como manera de estar en el mundo. «Mi punto de vista es hacer cosas», decía esta semana Fran Perea, que debutará como director teatral en el seno de Factoría Echegaray, el proyecto municipal para sacar adelante obras teatrales desde la escena local. Hacer. Perea sacude con su hacer los prejuicios de aquella serie ñoña de televisión que le hizo famoso. Perea ha creado una productora, gestiona algunos teatros. Hace. No se queja, al menos en público, que no es poco. Perea regatea la tentación de la polémica fácil como cuando jugaba en el patio de su colegio en Málaga. Y sigue a lo suyo. El teatro, la música, el cine. Hacer.

Gente que hace cosas, para algunos de nosotros, tocadas por el buen gusto. Silva Grijalba, sacando del coma inducido a la Fundación Pérez Estrada a golpe de pequeñas exquisiteces. Mucha nuez y poco ruido, quizá demasiado poco. Aquel ciclo de finales de noviembre. 'Estar en las nubes' trajo a Nuno Júdice y Gonçalo M. Tavares y quienes nos lo perdimos llevamos en el pecado la penitencia. Ahora brinda la fundación un libro que es un disco que es una maravilla: 'La Gran Gala'. Dibujos de Pérez Estrada, su ciprés con raíces de pulmones, su rosa luminosa de bombilla, sus poemas convertidos en canciones. Me quedo con 'Los lugares del sueño' de Esplendor, con 'El jugador' de Bunbury, otro afecto adolescente al que no pienso renunciar. Y menos ahora, saliendo en un CD como entonces:

«Se jugó el sol a la ruleta,

el cansancio, a la esgrima,

la nostalgia, a los dados,

la tristeza, a los naipes

y robó la transparente timidez

del rocío.

Cambió su sombra en fichas,

y perdió la mañana».

Suena a director de museo contando visitantes.