Diario Sur

LA ROTONDA

Un papel, tres vidas

En la desquiciante legislación española un papel equivale a la vida de tres animales. Sólo así se entienden, si es que se puede llegar a entender un sinsentido semejante, las cuentas de la condena a la autora de la masacre de Parque Animal. Un documento falso equivale a tres perros jóvenes y sanos. Un sello ilegal, a una hembra embarazada (con dos cachorros en su vientre). Una firma copiada, a tres gatos torturados hasta la muerte. Un medicamento sin receta, otros tantos congelados cuando todavía estaban vivos. Y así hasta 2.000 ejemplares asesinados, que ahora ya se puede afirmar sin presuntos ni supuestos, en la que pasará a la historia como la perrera de los horrores de Torremolinos.

El fallo conocido el lunes deja un sabor agridulce para todos los que amamos y tratamos de que todos los seres vivos tengan el respeto que merecen. Dulce, porque los culpables están condenados; en el caso de la directora y principal acusada, a una pena alta, de tres años y nueve meses de prisión. Y al escarnio público de una sociedad que vive con estupor el relato de los hechos. Agria, porque la mayor parte de la pena de cárcel, dos años y nueve meses, corresponde al delito de falsedad documental. En la Ley española pesan más los papeles que las vidas de los animales.

Como será la cosa que hasta el magistrado, que ha impuesto a los dos acusados un año de prisión por maltrato animal -la máxima pena permitida por la legislación- ha dejado escrito en la sentencia un ruego para que se modifique el Código Penal, a fin de elevar la pena «en uno o dos grados» cuando los hechos revistan la extrema gravedad que tienen éstos. Una reforma que, según el juez, «permitiría dar una respuesta punitiva más proporcionada a casos como el ahora enjuiciado».

Cabe preguntarse qué habría pasado si, en vez de usar medicamentos sin prescripción y documentos ilegales, hubiera matado a esos 2.000 pobres bichos a tiros (con un arma legalizada); o ahogados, o quemados vivos, o simplemente de hambre y sed. Esto es, por cualquier vía que no implicara el delito de falsedad documental. La pena ¿habría sido sólo de un año? ¿No pisaría la cárcel por no tener antecedentes? Es de locura.

Se ha hecho Justicia, sí, y todos los animalistas nos alegramos por ello. Pero tras esta batalla queda otra, ahora en los despachos políticos y en el Congreso. A estas alturas, en España, ningún papel, por muy falso que sea, puede valer más que la vida de un animal asesinado cruelmente para hacer hueco en la perrera.