LA ROTONDA

El buen juez

Lo mejor que tiene esta profesión es la cantidad de gente interesante con la que te cruzas. La mayoría son buenas personas, que hacen lo que tienen que hacer; que cumplen con lo establecido, con las normas, a menudo a sabiendas de que son éticamente reprochables, injustas o trasnochadas. Pero las acatan, por que es lo que la sociedad democrática se ha autoimpuesto como regulación, y piensan que, al fin y al cabo, para eso están las instituciones: para cambiar aquello que no funciona o podría mejorar, con las leyes, con el voto y con el convencimiento de nuestros representantes. Son seres responsables, civilizados, admirables, incluso, cuando hacen valer tales virtudes en tierra hostil, territorio comanche del hampa, la barriada marginal, la delincuencia y la cárcel como normalidad asumida desde niños.

Luego están las personas excepcionales, únicas en su especie. Aparecen pocas veces en escena, pero traen consigo una carga simbólica y de respeto a las instituciones que permite resetear todo el sistema por unas horas. Antídoto frente al coqueteo con el lado oscuro. Con las herramientas adecuadas y el convencimiento de la razón, sin esperar dádivas ni ascenso social, hacen lo que tienen que hacer sólo porque es justo. Sin más. Con la valentía añadida de tirar para adelante cuando todo su entorno profesional, y especialmente sus superiores en rango, han dicho que esto es lo que hay, 'chin pum', hasta aquí hemos llegado y no me jodas, Mariano.

El juez malagueño Enrique Sanjuán es una de estas últimas. No se tragó el sapo del opio que pretendía tranquilizar al pueblo, con daños controlados para los más elevados intereses del sacrosanto sistema bancario. Una limosna para la pobre gente hipotecada. El Alto Tribunal, Supremo ridículo el que acaba de hacer, quiso zanjar la devolución del dinero cobrado indebidamente por las cláusulas suelo fijando el 2013 como tope retroactivo. Un par de añitos, no más, güey. Puenteó a sus mayores, que marcaban una doctrina, ahora se sabe, claramente injusta, y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le ha dado la razón de pleno. La excelente entrevista que le hizo mi compañera Nuria Triguero es una sucesión de perlas, una carga de sentido común que reconcilia con el ámbito judicial: «No recuerdo ninguna cláusula suelo que sea válida»; «debería instaurarse la dación en pago»; «no me planteo lo que les va a costar a los bancos porque es el dinero que le han cobrado al consumidor indebidamente». La sonora melodía de Podemos e IU, antes de la farfolla.

Nunca, responde ante la pregunta adecuada, se ha planteado dar el salto a la política. Una pena que en este país los mejores siempre contesten lo mismo.

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