Diario Sur

OJO DE HALCÓN

ACTITUD Y APTITUD

Primero Sandro y después Recio achacaron la bochornosa derrota del Málaga en el Pizjuán a la falta de actitud en la primera mitad. De un tiempo a esta parte los deportistas se aferran a este argumento para justificar un descalabro cuando en la mayoría de las ocasiones no pueden (o no deben) emplear otro término, aptitud. Más bien esta virtud es la que no adornó durante once terroríficos minutos a determinados jugadores -vamos a ser bondadosos y a ceñirnos sólo al derbi-, y no una mera cuestión de intensidad. También es fácil recurrir a que el equipo sólo cometió una falta en ese periodo, pero convendría recordar que defender con fuerza no implica defender bien. En realidad este tipo de infracciones van más ligadas a una deficiente colocación o a limitaciones físicas. En algunos casos el problema de determinados profesionales blanquiazules no es de actitud, sino de aptitud. Sencillamente exhiben partido tras partido ciertas limitaciones que van más allá de jugar más arropados, con uno u otro compañero cerca, o del sistema elegido. Las carencias son tan manifiestas que constantemente se paga un alto peaje por errores individuales que después obligan a un sobresfuerzo para intentar la remontada. Ahora, para cerrar el año, toca precisamente buscar una más. Nadie puede discutir que en este caso la Copa sí es cuestión de actitud. En Córdoba vimos muy poca, independientemente de que por momentos se observó cierta bisoñez en comparación con el rival. El año pasado se corrió muy pronto un tupido velo tras la vergonzosa actuación en casa frente al Mirandés gracias a la victoria frente al Atlético. El torneo en sí es una molestia y estoy ansioso por ver cuántos jugadores arrastran hoy molestias. Eso sí va a ser cuestión de actitud. Pero en Sevilla lo que faltó fue aptitud, con 'p'.

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