PATIO DE BUTACAS

NI LA PEDREA

Hace tiempo que en la Junta de Andalucía andan con películas. Hasta han promovido una Ley del Cine que ha sido la esperanza de la industria audiovisual sureña, aunque su trámite lleva ya algún tiempo congelado en la nevera. Mientras surge del frío, la Consejería de Cultura ha ordenado las ayudas a la cinematografía. Este año han repartido 1,4 millones de euros, una cantidad más que estimable y que da para mucho. Aunque la gran novedad -equivocación- es que se han olvidado de los cientos de profesionales que ruedan documentales y cortos para concentrar todo el presupuesto en los largometrajes. En apenas seis. Un premio Gordo que, para más señas, ha recaído sólo en tres productoras. Todas ellas de Sevilla. El año pasado también cayó esta lotería de cine en la capital hispalense, aunque hubo pedrea para otras provincias. Ya, ni eso.

Más de uno no se lo podía creer cuando vio la lista de premios. Tanto los agraciados por su doble suerte -tocan a casi medio kilo por productora-, como los que no porque han visto que sus méritos no sirven para nada si no se está cerca del que (re)parte. El caso de Málaga es flagrante. En el último año se han producido con financiación privada hasta cinco películas: 'Maniac Tales' (Kandale Films), 'Resort Paraiso' (PuraEnvidia), 'El Intercambio' (Marila Films), 'El berrido de los silencios' (Antonio Ordóñez) y 'Contigo no, bicho' (DaniDog y Álvaro Alonso). Pues bien, esta solvencia no es suficiente para la consejería. No se trata de discutir si las películas apoyadas se lo merecen. Probablemente sí. Pero también hay proyectos igualmente sólidos en el resto de Andalucía. Ahí está 'La residencia', un filme de Antonio Hens, que ha pasado todos los controles del ICAA y ha logrado las ayudas nacionales, pero en Andalucía la consideran «no subvencionable».

Lo discutible y lo criticable no es ya que las ayudas autonómicas sean escasas. Lo perverso es que carezcan de un mecanismo corrector que impida que, a una misma empresa o grupo, se le concedan dos subvenciones en el mismo año. Esta forma de actuar sólo favorece el clientelismo y traiciona además el objetivo último de esta financiación pública: potenciar la industria de toda la comunidad. Para esto no hacía falta meterse en este viaje grandilocuente a la Ley del Cine.

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