Diario Sur

LA ROTONDA

La vida misma

La portada de SUR del pasado martes era un compendio del quehacer diario de los malagueños, de sus preocupaciones y de sus realidades; siempre lo es, todo sea dicho, pero ese día venían reflejadas con nitidez las grandezas y las miserias de nuestra provincia, nuestras virtudes y nuestras desgracias. El titular principal era acerca de las carencias en la sanidad -un clamor ciudadano que se manifiesta en las calles de Granada, Huelva y Málaga-; el segundo tema recogía el pacto del Gobierno con las autonomías sobre la renuncia a implantar las reválidas (la educación sigue siendo la gran asignatura pendiente de la democracia con un plan que abarque más allá del ciclo político del partido en el Gobierno); otros titulares eran la unión del fútbol-base para recaudar fondos para el entierro del juvenil del Malaka fallecido días atrás (los malagueños solemos destacar por la solidaridad, eso es verdad); la recuperación de la paloma de Picasso como seña de identidad de la UMA, o la detención de una mujer que fingió ser retenida por cinco hombres durante diecisiete días... (en fin, sin comentarios).

La imagen del día era para dos personajes singulares, reconocidos por la Diputación, uno como hijo predilecto, Chiquito de la Calzada, y el otro como hijo adoptivo, Sergio Scariolo. El humorista y el seleccionador nacional de baloncesto tienen mucho en común pese a haber nacido a miles de kilómetros, el primero en un barrio con solera de la capital y el otro en la ciudad italiana de Brescia. Ambos se emocionaron por recibir este homenaje rodeado de personas que ovacionaron sus reconocimientos, el primero porque a sus 82 años está recogiendo por fin los frutos de una dura vida de trabajo por todo el mundo; el segundo porque se siente en Marbella como en casa, y después de entrenar al Unicaja en el periodo de mayor éxito del club de Los Guindos se siente embajador de esta tierra, título que dijo «recibir con honor», como un caballero, como siempre ha demostrado comportarse por estos lares.

De las penalidades que recogía la primera página de SUR no merece la pena profundizar porque al día siguiente desgracias como el accidente aéreo en Colombia que costó la vida a 75 personas, muchas de ellas integrantes de un club de fútbol brasileño, más los respectivos periodistas encargados de llevar los éxitos o los fracasos de este modesto equipo que vivía su mayor momento de gloria, te dan de bruces con la realidad, esa que rotula que si la felicidad completa existe apenas dura un soplo, parafraseando a Gabriel García Márquez en su particular justificación de los largos discursos que pronunciaba Fidel Castro, quien tenía, según el Nobel de Literatura, «devoción por la palabra». Con su definitivo silencio se cierra de facto el siglo XX.