Diario Sur

LA TRIBUNA

'Truebador'

No voy a ser el que censure al señor Trueba por no sentirse español, porque ese es un sentimiento que se tiene o no se tiene, y él no va a ser culpable de carecer de ese don. No olvidemos que nos regaló un Oscar, entre otros premios, y que se acordó de Billy Wilder como un dios. Hubiera quedado mucho más elegante si hubiera añadido que se considera un ciudadano del mundo, probablemente nadie le hubiera replicado, ya que el nacionalismo se cura viajando e intercambiando sensibilidades y cultura, sobre todo el nacionalismo rancio, obsoleto y decimonónico, que tan bien saben esgrimir los catalanes o los americanos por ejemplo. Lo que ya resulta insostenible, argumentalmente hablando, es que denoste de su condición de español para abrazar otra nacionalidad, súper centralista, por cierto, al considerar que en la Guerra de la Independencia hubiese ido con el enemigo, es decir, Francia. Es incongruente rechazar un nacionalismo para abrazar otro mucho más incisivo y patriótico. No termino de concebir esta idea. Si bien, pudiera referirse a aquella idea dieciochesca de los afrancesados, como sociedad puntera, moderna y racional, frente a la España provinciana, atrasada y asilvestrada de entonces. Pero de esto hace ya más de dos siglos. Ya no hay parangón en este sentido. Ya ha pasado la época en la que los españoles arrastrábamos ese sentimiento de inferioridad ante el país galo. Ahora son ellos los que se molestan ante el tuteo y la irreverencia. Nos quieren seguir teniendo a su merced. Con La Gran Bretaña ya tienen suficiente.

Hay que ir superando esos sentimientos españolistas que no llevan a ningún lado, salvo al conflicto y al enfrentamiento. Es preciso ir arrinconando ese sentimiento, arcaico y primitivo, y no dejarnos llevar por la visceralidad o la vehemencia. En ese nacionalismo de rancio abolengo introduzco a ese catalanismo tribal y decadente que busca no tanto independizarse como crear malestar y enfrentamientos sociales, sobre todo abomino de ese afán imperialista tan dañino como salvaje, buscando anexionarse otros territorios de habla catalana, una suerte de demencial cruzada medieval.

La extrema izquierda rehúsa de ese bello eslogan: 'la unión hace la fuerza'. Es precisamente ahora cuando debemos unir y sumar fuerzas y no restarlas - Hay un interesante grupo político que persigue la unión de España y Portugal-. No se puede solventar tantos reinos de taifas, de los que, por cierto, Francia carece. Seguramente es uno de los países más centralizados del mundo. No sé si por esto lo preferirá el señor Trueba, al que mejor tildarlo como Truebador. Eran los trovadores los que, desde la Edad Media, divertían y entretenían al público, especialmente en la corte. Este hombre se dedica a entretener. Sus contundentes y polémicas afirmaciones a mí me divirtieron, pues las aprecié cargadas de incongruencias como hemos visto anteriormente, aquello fue como una pataleta de un adolescente rebelde de trece años. Sobre todo cuando no vino al caso, ni nadie le preguntó al respecto. Lo aprecié, efectivamente, como un trovador/Truebador ridículo y patético que buscaba ser el centro de atención y sobre todo crear polémica, quizás como estrategia de marketing, sin embargo me temo que el tiro le ha salido por la culata, como suele decirse.

En cualquier caso, me sorprende, sea cuales fueran sus intenciones, que haya gente aún que se siga rasgando las vestiduras y que se comporten como esos nacionalistas retrógrados y viscerales que andan insultando a todo el mundo que no comulgue con ellos.

Lo que ya resulta complicado es renunciar a un estado nacional para cederles terrón a otro tan visceral o más que el anterior. Sobre todo cuando estos últimos sentimientos se han ido amasando, bajo la connivencia del Estado central, durante décadas, desde las aulas e incluso los púlpitos.

Si consideramos sus ansias imperialistas, manifiestas y patentes, no entiendo cómo no entienden que el país que los abarca esté dispuesto a renunciar a un territorio que le pertenece desde hace siglos y siglos -Uso la ideología que ellos mismos usarían-.

La tesis del no-enfrentamiento y la concordia territorial tal y cómo la han firmado Bélgica y Holanda al respecto, o como se mantiene en Canadá, Bélgica o Reino Unido, aquí no se mantiene, no ya porque la Santa Constitución lo impida sino porque hay que usar sus propias cartas en este sentido y en este juego absurdo, cuyas bases ya empezaron a fraguarse hace décadas, tanto por la izquierda como por la derecha. Ahora no saben cómo detener a ese monstruo que se ha ido creando y que no saben cómo detenerlo. De momento sólo les queda la ley, ya que el pueblo de allende se encuentra bastante adiestrado o domesticado, tanto como el cubano a lo largo de interminables décadas.

Deje su indignación a un lado porque alguien no piense o sienta como usted y demuestre su amor a su país de una manera solidaria, sana, equilibrada y decente, sin corruptelas ni aspavientos.