Diario Sur

SINÉCDOQUE

¿A QUIÉN LE IMPORTA CHOMSKY?

Es una pena que ya no necesitemos la memoria porque contemos con un disco duro de cientos de miles de millones de gigabites que nos cabe en el bolsillo. Hace tiempo que no nos esforzamos por recordar números, nombres, títulos, nada. Es otra pena que hayamos dejado de leer palabra-a-palabra, de escudriñar las letras, de encontrar la magia del escritor que fabrica un tiempo verbal y no otro, que encadena un adjetivo con un nombre, que esconde un doble sentido como se esconden los calcetines blancos al fondo del cajón, de una forma tan natural que si nos fijásemos, si pensásemos un segundo en ello, nos parecería sobrenatural. Sin duda. Es una pena que Bisbal sea un apellido más reconocido que Chomsky, no por el pobre David, sino por el pobre Noam. Ochenta y ocho años está a punto de cumplir Noam Chomsky y cuando cita ¡de memoria! las palabras de Adam Smith o analiza con tanta precisión los prefijos que utiliza la sociedad para evaluar ciertas tendencias, te deja con la boca abierta. A mí siempre se me viene a la cabeza aquella canción de Astrud dedicada al genio lingüista y expresiones como la gramática generativa, el racionalismo cartesiano, la ciencia cognitiva. de pronto revolotean en la habitación como notas tocadas en el pianillo de Genís Segarra. Y entonces decido callarme, porque si hablo de ello, puedo parecer una extraterrestre. Si digo que Chomsky tiene un delicioso pesimismo que me recuerda a la obra maestra de Kaufman o que veo en su discurso una lucidez parecida a la de Vonnegut, ¿a quién le importa? Si cuando las recientes palabras de Antonio Catalán, Presidente de AC Hoteles, se vuelven virales, porque habla de la explotación empresarial que sufrimos, y digo que lo que más me ha gustado es que hable de los votantes de Podemos como universitarios 'antisistema' y que ese prefijo, 'anti', es a lo que Chomsky se refería cuando hablaba de 'contener a las masas', si afirmo que el lenguaje tiene un poder acojonante. ¿a quién le importa? Si es tan fácil acceder a ese disco duro de cientos de miles de millones de gigabites donde todo esto está tan claro, ¿por qué seguimos pasando de largo? De un párrafo a otro, de una web a otra, de una década a la siguiente crisis. Es una pena que ya no necesitemos la memoria, porque creemos que no vamos a tropezar con la misma piedra.