Diario Sur

LA TRIBUNA

No debe quedar en papel mojado

El Colegio de Médicos de Málaga lleva poniendo sobre la mesa en los últimos años la necesidad de acometer medidas urgentes de mejora en la sanidad de la provincia. Junto a la necesidad de una mayor inversión presupuestaria hay un problema de fondo que los gestores no han querido ni quieren ver: el ejercicio de la medicina no es una función burocrática donde se pueda ofrecer más con menos (y ni siquiera lo mismo).

Los objetivos, en su mayoría sumergidos en cifras económicas, han ido perdiendo una buena parte de la esencia de ejercer la profesión.

A los médicos nos valoran por clicar en una historia digital la casilla inferior de la enésima página a la que hay que acceder superando pantalla tras pantalla del ordenador. Así es como la Administración valora qué hacemos bien (y qué no).

Para una petición de una radiografía tenemos que pulsar el ratón de nuestro ordenador hasta dieciséis veces. Sólo así conseguiremos que la impresora emita una página y el paciente pueda pedir cita para su prueba diagnóstica.

Y qué decir de las actualizaciones informáticas de las versiones de los módulos de prescripción: cada vez son menos resolutivas. Por no hablar de las incapacidades laborales, que se cursan en un programa que, por no estar pilotado adecuadamente, nos trae problemas cada día.

Aquí estamos los profesionales, intentando sobrevivir y temiendo los nuevos cambios porque, lejos de suponer un avance, se viven como obstáculos en nuestro quehacer diario.

Son «esas pequeñas cosas» -como decía Serrat en su canción- las que nos entorpecen. A todo ello se suma que, cada vez que derivamos a un paciente a Reumatología o Angiología, sabemos que en Admisión le dirán que la agenda está cerrada.

A pesar de todas estas dificultades, no dejamos de reconocer todo lo bueno que tenemos en la sanidad pública. Es fruto del trabajo bien hecho durante décadas sumado a los avances tecnológicos bien utilizados. Pero el crédito se agota. Es necesario que la Administración abra sus puertas para que nos escuchen a los que vivimos las dificultades de la sanidad a diario, no a los que están sentados en un sillón tejiendo ideas, no siempre acertadas. Escuchen para actuar, no para calmar ánimos.

Desde el Colegio de Médicos hemos clamado durante años por una segunda reforma de Atención Primaria, un mayor presupuesto finalista para la sanidad, más coordinación entre hospitales y Primaria y unos procesos asistenciales que no sean libros que acaban en la estantería porque no disponemos de tiempo para leerlos ya que nuestra formación e investigación no computan a efectos de indicadores para la Administración.

En multitud de ocasiones hemos alzado la voz desde la responsabilidad, lo han hecho hasta nuestros médicos jubilados aunque no haya querido escucharlos quien tenía que hacerlo. Y siempre lo hemos realizado junto a nuestros pacientes, los principales afectados, y también con las organizaciones sindicales, las asociaciones de consumidores y la universidad.

No vamos a entrar en un fuego cruzado entre partidos políticos, no nos corresponde, y aunque no fuimos invitados como Colegio de Médicos a la manifestación del domingo 27 de noviembre, los miembros de la Junta Directiva estuvimos allí como ciudadanos. Nos hubiera gustado tener más datos sobre el origen de la convocatoria pero no fue un impedimento para que nos sumáramos al movimiento, cuyo fin apoyamos pues es necesario alzar la voz a favor de la sanidad pública y en contra de los recortes sanitarios en Andalucía.

Es fundamental que la manifestación sirva para algo y que las movilizaciones no queden en papel mojado. Ahora se trata de hacer un ejercicio de participación, sin consignas políticas, y con unas líneas estratégicas diferentes, que desechen los alarmismos pero que a la vez consideren la realidad de la situación.

Dice nuestro consejero de Salud que hay que mejorar la Atención Primaria cuando bastaría con recuperar la Primaria de la década de los ochenta, que se ha ido diluyendo con los años por medidas y recortes erróneos. No es nada nuevo hablar de un enfoque comunitario, era lo que teníamos. No hay que inventar, hay que recuperar. También es necesario propiciar fórmulas prácticas para que la continuidad asistencial satisfaga a los profesionales de los diferentes niveles asistenciales y mejore la atención a nuestros pacientes.

Se trata de volver a los procesos asistenciales integrados, a las escuelas con maestros líderes capaces de conducir a los equipos en base a su experiencia y prestigio, sin que ello se vea como una amenaza para los gestores.

La Administración debe asumir que la ausencia prolongada de un profesional -por enfermedad, jubilación, maternidad o excedencia- debe ser sustituida sin tener que recurrir al resto del equipo, que hace malabares para ver en una sola mañana sus pacientes más los de su compañero/a.

Es cuestión de capacidad, ¿serán capaces? Solos seguro que no. Ahí nos tienen. Aprovechen la oportunidad. Se trata de que no pase la moda de las mareas blancas, sino que se invistan de las batas blancas o verdes, que son las que deben marcar el camino.