Diario Sur

ABOGANDO

BLACK IS BLACK

ERA el título de una canción de la década de los sesenta del pasado siglo que interpretaron Los Bravos, un conjunto español que la lanzó a la fama. Fue, si no me equivoco número uno o dos en los Estados Unidos y en el Reino del mismo nombre. Una proeza porque en aquellos tiempos había un buen montón de cantantes estupendos, mejorando lo presente. No tenía nada de racista la letra aunque algún mal pensado pudiese imaginárselo. El color oscuro era el del medio ambiente que se causaba, ¡cómo no! por la ausencia del ser amado. Es que éramos muy románticos en esa época y, claro, se cernía una nube gris sobre la indeseada soledad. «Black is black, I want my baby back. It's grey, it's grey, since she went away...»

La oscuridad es, generalmente, una mala cosa, una desgracia. Ya lo dice el Génesis: «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas.» Gracias a la invención que se achaca a don Thomas (en realidad parece que fue un escocés el verdadero autor del artilugio), la bombilla incandescente, ya la diferencia entre luz y no luz no es tan acusada como solía ser. Todavía no soy centenario pero recuerdo que en el campo, en mi infancia, donde no había llegado todavía el tendido, había que irse a la cama cuando se ponía el sol porque la alternativa era andar a trompicones por la casa. Y levantarse tan pronto como salía el astro rey para aprovechar la claridad. Mi también paisana, seria candidata al nobel de literatura sostiene en alguno de sus libros que, para ella, el mayor milagro que existe es que operando una manivela salga agua caliente del grifo allí donde estás sin que se te exija otro esfuerzo complementario. Estoy de acuerdo y agrego que otro milagro cotidiano es el pellizco a la pared que produce el mismo efecto, a nivel doméstico y modesto, que el que narra el primer libro bíblico.

El problema es que para que se haga realidad esa maravilla de los tiempos modernos hay que celebrar un contrato con una empresa de ésas que controlan el mercado y, lo que es peor, abonar cada mes -antes cada dos meses- una ininteligible factura que desglosa una serie de incomprensibles partidas que te llevan de manera inexorable a una cifra que se las trae. Llevar, traer ¿capta la ironía? Pero aún hay algo más grave. Si no pagas no es que te demanden, es que te cortan el suministro y te condenan a volver al origen de la creación.

Leo que en Marbella, entre nuestro activo Ayuntamiento y una de las compañías que conduce a casa la electricidad se ha firmado un acuerdo por el cual se matizarán los cortes de luz por impago de los recibos. Ya era hora. Evidentemente, no será cuestión de devolver los cargos porque sí. No, se podrán acoger a este convenio, personas con auténtica necesidad e imposibilidad económica de satisfacerlos.

Es que esto de cortar la luz porque no se paga es un privilegio para el acreedor que ya quisiésemos tener otros. Hay una gran disparidad entre los métodos de los que disponemos quienes tenemos una trampa pendiente de cobrar. El Código Civil concede ventajas evidentes al depositario, al acreedor prendario, al usufructuario, al artífice, al poseedor de buena fe, al mandatario y hasta al acreedor anticrético, bien difícil de encontrar en estos días. En general, pueden retener lo que ostentan sin pasar a detentarlo hasta que les pague lo que se les debe. En el caso de las eléctricas, la disimetría entre deudor y acreedor es todavía más acusada. No postulo que se desatiendan las facturas sino que se cobren como las que presentamos los Abogados, por ejemplo, que llamamos minutas, quizá para que no parezcan tan gravosas. No tenemos facultad de quedarnos con los papeles de nuestro cliente ni dejarlo plantado en una sala de vistas, ni revelar sus secretos porque no nos paga.

Lo penoso es que ha habido que llegar a estas soluciones después del lamentable fallecimiento de una pobre señora a la que se le había privado del servicio.

Bueno, como dijo alguien, no hace demasiado, en un difícilmente descifrable mensaje de Año Nuevo, no hay mal que por bien no venga.