Diario Sur

LA TRIBUNA

La sostenibilidad del sistema sanitario

La sostenibilidad del sistema sanitario debiera ser una de las mayores preocupaciones de los políticos, pero también de los profesionales por cuanto les va en ello, y, por supuesto, de los ciudadanos, porque la salud es un derecho, su derecho. Por tanto, esta es una cuestión que nos concierne a todos. Elegir la manera de cómo hacerlo sostenible no solo es responsabilidad exclusiva de quien gobierna, también es una responsabilidad de los profesionales sanitarios y, por supuesto, una exigencia social.

Pero no siempre es así. A pesar de que con la salud no se debe hacer política, sino buenas políticas de salud, como decía mi antiguo profesor de Salud Pública, lo cierto es que del dicho al hecho hay un gran trecho. El gobierno de turno verá cuestionada su gestión de la salud por la oposición correspondiente, sea del color que sea. Este es un denominador común. Por tanto, con la salud se hace política, cada uno 'su política'.

La duración y dureza de la crisis económica está poniendo en riesgo las políticas sociales, entre ellas las de la salud. Una crisis que deja al descubierto las disfunciones y carencias del Sistema Sanitario Público de Andalucía (SSPA), un sistema cada vez más cuestionado por colectivos sociales y profesionales, así como por la opinión pública y publicada. Las desigualdades que la situación origina están deslegitimando el sistema. Sobre todo por las demoras, por las listas de espera. Esa lacra que las propias autoridades sanitarias reconocen se ha convertido en un problema estructural del sistema viene siendo denunciada por colectivos sindicales y profesionales, partidos políticos, plataformas ciudadanas, etc. Pero la coincidencia en la denuncia no significa que haya coincidencia en los objetivos. Cada uno aprovecha la situación para arrimar el ascua a su sardina: unos para reivindicar un sistema sanitario público, gratuito, universal y de calidad; algunos aprovechan la oportunidad que les brinda los medios de comunicación para recuperar ante los ciudadanos un prestigio y reputación profesionales cuestionados, cuando no perdidos; y otros mantienen una pose de auténtica hipocresía social ya que en realidad lo que conviene a sus intereses es el fracaso de lo público y de la salud pública. Ya se sabe: en la enfermedad hay un gran negocio.

El recién investido 'doctor honoris causa' por la UMA, profesor Neugebauer, además de investigar sobre la eficiencia de los medicamentos con el fin de mejorar los tratamientos a los pacientes, propone que también se investigue sobre los sistemas sanitarios y cómo hacerlos más eficientes y efectivos de manera que el dinero que se invierte en sanidad tenga el mejor rendimiento. Seguro que todos coincidimos con esta propuesta.

Pero no siempre las soluciones a problemas estructurales vienen dadas por el solo aumento de los recursos, sino por una mejor distribución y uso de los existentes. La solución a problemas estructurales exigen una reforma estructural del modelo organizativo del SSPA, pero no soluciones como las de quienes ven incompatible la gratuidad en los cuidados (que, por cierto, pagamos con los impuestos), el control del gasto y el avance de la terapéutica, asegurando que para conseguir ese maridaje hay que limitar el consumo sanitario de la población, o arruinar el país. Más bien creo que esa es la opinión de quienes quieren justificar el copago y/o potenciar un sistema sanitario más privado que universal.

Hay otras soluciones. Dicen los entendidos que las crisis son también momentos de oportunidad. Pues bien, creo que ha llegado el momento de que en el SSPA se adopten medidas estructurales. No podemos mantener un sistema sanitario con una agenda de actividades programada de 8 a 15 horas de lunes a viernes no festivos. Esa agenda hay que ampliarla hasta las 22 horas, estableciendo turnos de mañana y tarde para la actividad quirúrgica, para las pruebas diagnósticas y funcionales, tratamientos especializados, consultas de especialidades, etc. Agenda que hay que mantener durante todo el año, de enero a diciembre, sin cierre de camas, ni de centros de salud por las tardes. Si no queremos que la salud espere, no podemos ofrecer una asistencia aplazada.

Es sabido que la satisfacción de la demanda es directamente proporcional al tiempo de respuesta en la satisfacción de la misma. Por ello, a los recursos económicos, materiales y humanos (profesionales) hay que sumar el recurso 'tiempo'. Confiar soluciones solo al aumento de los recursos materiales, técnicos y humanos es la mejor forma de hacerlos económicamente inviables para cualquier país.

La suma del recurso 'tiempo' a los necesarios materiales y humanos que en cada momento sean precisos es, a mi entender, la mejor manera de responder a las demandas asistenciales actuales y colaborar así a la sostenibilidad del sistema sanitario público.

Pero, claro, esto implica replantearse los períodos de disfrute del personal, por ejemplo, ahora concentrados en los meses de verano; o retomar en serio el tema de las incompatibilidades (y de camino crear algunos puestos de trabajo); etc. Insisto, son algunos ejemplos.

En cualquier caso no es tarea fácil. Exige gran capacidad de diálogo, consenso, y también generosidad por parte de todos los actores implicados para compatibilizar los derechos de unos y otros: usuarios y profesionales. Pero la oportunidad está servida.