Diario Sur

LA ROTONDA

Reflexión sanitaria

La sanidad pública de Málaga sufre unas carencias que no puede negar ni el que asó la manteca. Son tan evidentes que las ve todo el que tiene ojos en la cara, salvo que se los tape con una venda de esparto. La sanidad no debería ser un oscuro objeto de deseo político. La salud de la población es una cuestión demasiado seria como para estar sujeta a cantos de sirenas en ríos revueltos que ofrecen ganancias a pescadores que tiran la primera piedra y esconden la mano. Los partidos, sean de la ideología que sean, utilizan la enfermedad de los demás para beneficio electoral propio. Eso es así en todas las comunidades españolas. Lo que el PP le critica al PSOE en Andalucía es un calco de lo que el PSOE imputa al PP en Madrid o en Galicia. Los pacientes se convierten en un arma arrojadiza que los políticos de todos los colores se lanzan a la cara sin que a ellos se les ponga la cara roja. Es un comportamiento de vergüenza ajena. Y así nos va. De mal en peor. Las manifestaciones habidas el pasado domingo en Málaga, Granada y Huelva demuestran que la gente está cansada de mentiras o de medias verdades. Lo que no debería ocurrir, y ocurre y ocurrirá, es aprovechar de forma partidista la reacción espontánea de los ciudadanos que se echan a la calle para defender sus derechos sanitarios.

La situación de Málaga es diferente a la de Granada. Ya quisieran los malagueños que su objetivo fuese contar con dos hospitales completos después de que les hubiesen construido uno como el que se ha hecho en la ciudad de la Alhambra en el Parque Tecnológico de la Salud. Mientras tanto, aquí, en la capital de la Costa del Sol, hay que conformarse con el viejo Carlos Haya, cuyos innumerables agujeros no hay aguja e hilo que cosan. Además, Málaga es la provincia de Andalucía que más demoras acumula para operarse y la que dispone de menos camas hospitalarias públicas y en la que más profesionales del SAS han perdido su empleo en los últimos cinco años. Sin olvidar que es la peor dotada de enfermeros y la que ha experimentado un mayor crecimiento poblacional sin que ese hecho haya ido parejo a un incremento de recursos. Es cierto que se ha abierto, con ocho años de retraso y por fases, el Hospital del Guadalhorce, y que se va a poner en marcha, cuatro años después de lo previsto, el del Ronda (sustituirá al que ahora funciona), pero eso no es suficiente ni de lejos. Los malagueños lo saben y la Junta debería tenerlo siempre presente.