Diario Sur

CALLE ANCHA

CAEN GOTAS DE LLUVIA

EN cuestiones meteorológicas poseemos la más débil de las memorias; apenas vivimos un fin de semana pasado por una respetable cantidad de agua para que comience a oírse que no es normal tanto en tan poco tiempo. Tampoco hay que ser Matusalén para evocar los tiempos en que todo un mes de noviembre permanecía lloviendo, con inundaciones, riadas, e incluso con las suspensión de las clases en las escuelas e institutos. Posiblemente lo que se sitúe en la anormalidad sea que la llegada de la lluvia se transforme en una noticia de primera plana. En Marbella no pasa como en el Sur de California, donde nunca llueve, como decía Albert Hammond en su famosa canción, pero casi. Y cuando lo hace, aunque sean cuatro gotas, inmediatamente se desencadena el caos del tráfico (más del habitual, quiero decir) y los cauces de arroyos, hurtados al cometido natural, retoman su vocación de avenidas de agua y las vías urbanas adquieren características propias de ríos. Las primeras gotas, cuando llegan, posiblemente las consideramos con un componente de romanticismo; incluso podemos ponerle banda sonora con 'Raindrops keep falling on my head' ('gotas de lluvia caen sobre mi cabeza), la canción de Burt Bacharach, grabada por B.J. Thomas para la película "Butch Cassidy and the Sundance Kid" (Dos hombres y un destino). Pero pronto llega el fastidio cuando Ricardo Soriano, por ejemplo, queda empantanada, cruzarla es una aventura y las salpicaduras de los automóviles una auténtica tortura. Como siempre, desde que existe memoria, es decir desde mitad de los años sesenta cuando el Arroyo de la Represa o de las Tenerías fue embovedado desde el puente de Málaga hasta la playa, llega la inundación de la Avenida Nabeul: un cauce soterrado y otro sobre el asfalto de la superficie. Las inundaciones de Nabeul no son ni de 'izquierdas' ni de 'derechas'; más bien parece cosa de ingeniería, de diseño de los desagües, de mantenimiento de las alcantarillas o vaya usted a saber; expertos hay que deberían dar la solución. Pero la inundación de este otoño ha sorprendido especialmente porque, después de más de un año de profunda remodelación de la zona, cabía esperar que algo así no se volviera a producir. Está claro que alguien tendrá que asumir responsabilidades, posiblemente políticas, pero más aún por parte de presuntos profesionales que ejecutan una obra pública y les afloran vicios que dejan de ser ocultos y que pareciera que la lluvia cae en sentido inverso, desmintiendo al catautor Pedro Luis Guerra que asegura que 'la lluvia nunca vuelve hacia arriba'. La avalancha de lluvia coincidió con el 'Black Friday', convertido más bien en un 'Black weekend' que llevó a las grandes superficies a abrir incluso el domingo. Miles de ciudadanos, sucumbiendo al consumismo, dejándose tentar por los sustanciosos descuentos, saturaron estos grandes centros del comercio, especialmente el complejo situado al norte de la ciudad, con accesos muy deficientes que genera un cuello de botella en el tráfico y con falta de aparcamientos. Las luminarias de la Navidad llegaron casi al mismo tiempo que la lluvia y, dentro de la sobriedad (quizás elegancia) iluminan el Centro, el Casco Antiguo, tan necesitado de 'luz' para salir del letargo e ilusionarse en esa encarnizada competencia, al estilo de David contra Goliat, que mantienen con las grandes superficies. Ese Casco Antiguo con tantas asignaturas pendientes y entre ellas el propio disfrute de los espacios públicos por parte de los vecinos, aunque simplemente sea por la desproporcionada ocupación de plazas y calles por las terrazas de bares y restaurantes. Mencionar esta 'bicha' no se ajusta a ningún tipo de corrección política y provoca reacciones contundentes. En este asunto lo mejor es adoptar la actitud del que escucha llover. Si le queremos poner música, recomiendo 'Yesterday I heard the rain' (versión en inglés de "Esta tarde vi llover") por Perry Como, Tony Bennett o Shirley Bassey.