Diario Sur

UNA CUESTIÓN

¿POR QUÉ APOSTAMOS?

En primer lugar apostemos por el Málaga y una buena clasificación. Luego, si quieren, apostemos por lo que sea, según nos atiborran las casas de apuestas en los anuncios previos a cada partido en televisión. Y ríanse de las viejas quinielas de catorce aciertos. Ahora podemos apostar por el equipo ganador, por el marcador exacto, por el número de córners o de penaltis, por el resultado en el descanso.Y todo sobre la marcha, móvil en mano. Una locura para quienes no dominamos esa materia y una tentación para los adictos al juego, no de fútbol precisamente. Hasta regalan el importe de una primera apuesta, la del enganche. No sé si será por mi edad o porque nunca he sido amigo de apostar (lo más, una moneda al cara o cruz) pero se me antoja que se fomenta un serio peligro en el devenir del campeonato. En el mundo actual, alfombrado sobre una corrupción a muchos niveles (no sólo en la política), podría derivar en determinados amaños que desbancarían al casi histórico problema de los maletines aunque, en algunos casos, solo pudieran ser falsas apariencias. Y disculpen si pienso mal pero es que a muchos antecedentes les remito. Nadie estaría libre de sospecha si en el último minuto de un partido cualquier apuesta suculenta estuviera a merced de un gol o un córner, de un penalti o una tarjeta o expulsión. Lo que siempre se entiende como normal o imprevisible se pondría en entredicho por encima de una absoluta legalidad. Por cierto, siempre se ha hablado del minuto 90 como el término de un partido. Ese minuto viene siendo últimamente el principio de un tiempo de agobio que para unos se transforma en bien y en otros en mal. En el caso del Málaga ante el Deportivo nos pareció un milagro. Y hubo varios en la jornada.