Diario Sur

LA TRIBUNA

Trump y los grupos de presión en USA

Medio mundo mundial se ha rasgado las vestiduras y se ha arrojado ceniza y polvo en el rostro, como en la época bíblica, ante la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América; la otra mitad, guarda silencio por ignorancia o por indiferencia soportando los estigmas de la cara negativa de la globalización técnico-financiera que sobrevuela la cabeza de las personas, de las soberanías y, sobre todo, de la diversidad cultura y de los valores particulares que no logran saltar a la universalidad.

Hoy, los Estados Unidos de América tienen presidente electo conforme a una Constitución que se proclamó en nombre del pueblo soberano, que en su texto siempre evocó a Dios y que establece un complejo sistema democrático para una Unión de Estados, sin olvidar el Estado Asociado de Puerto Rico con menos prerrogativas.

La mitad del mundo mundial que se ha aterrado con la elección de Trump se basa en el «discurso» electoral del que fue candidato a la Presidencia de los USA. Y parece no le faltó razones de peso, sobre todo de contenido ético y moral, a esos atemorizados. Envalentonar a una parte de la ciudadanía norteamericana (sin olvidar que Hillary Clinton obtuvo unos miles de votos más, sin que la ley electoral le abriera las puertas de la Casa Blanca) con un 'discurso electoral' que preconiza cerrar fronteras por cerrazón (el proteccionismo comercial e industrial); que plantea abiertamente la segregación y la xenofobia; que se refiere a la mujer como un objeto de consumo; que siembra discriminadamente según los Estados de la Unión y la situación social y cultural del ciudadano medio muy ruralizado y con nostalgias de la Conquista del Oeste, es simplemente crear profundas divisiones en el comportamiento cívico de los estadounidenses, incluida la emigración legal o ilegal que barre las calles y los metros de las ciudades, arriesgan sus vidas cada día en la construcción de los edificios de gran altura (famosos son los ecuatorianos y las vidas que dejaron en el tajo) tan referenciales para Trump, y que inundaron de restaurantes low cost (los célebres TedMex) casi todo el territorio de la Unión, con evidencia visual en Nueva York. ¿Qué pensará el presidente electo Trump del nombre Algonquin que figura en la fachada de uno de los más hermosos edificios neoyorquinos y que pocos saben que ese nombre es el de la tribu india que vivía, cuando NY no existía, en montañas que fueron aplanadas? Una de las comunidades más integradas e 'incluidas' es la islámica que también fue zarandeada en la campaña electoral del hoy electo. Fácil es constatar que en tal 'discurso' hubo la gran ausencia de palabras tales como solidaridad, ética y moral social. Un discurso 'pragmático', -dicen que populista-, desprovisto de toda 'filosofía' de convivencia y de cohesión. Cabe pensar que la 'otra mitad' estará temerosa por los derroteros que Trump dará a los fundamentos y objetivos del sistema educativo norteamericano y a los programas «no rentables» de carácter social.

Pero en unos días, Donald Trump será el presidente de los Estados Unidos de América. Y en la estructura organizativa de la democracia de su país, junto al Senado y a la Cámara de Representantes, está el poder de los gobernadores de los estados (que es mucho) y está (siempre lo estuvo) el poder de los grandes grupos de presión, verdadero poder fáctico que, -es ya de total evidencia-, no convergen al unísono para apoyar sin fisuras (que las habrá y muchas) al presidente electo. El 'discurso electoral'» del candidato Trump será embridado por esos poderes reales de los que no podrá escapar.

En política internacional también los hechos de guerras actuales, y la relación de fuerzas a nivel mundial, son un condicionante no menor. Nada le impedirá potenciar la industria armamentística (hemos vuelto a la guerra fría y así tratará el 'equilibrio' con Rusia y con China) en una nueva carrera que podrá llegar a la Guerra de las Galaxias. Nada le impedirá presionar a la OTAN para que las guerras, la defensa y la seguridad en Europa la paguen los países europeos como en un gran mercado. Nada le impedirá, de la mano del «proteccionismo» y de una nueva 'regularización' de la economía financiera, llegar a 'ententes cordiales' con Rusia, China y el Reino Unido (que decidió salir de la Unión Europea). Y nada le impedirá, potenciando un 'mundo bipolar' con los entendimientos ya citados, controlar y repartirse el gran mercado de las materias primas de los países en desarrollo y los pobres.

Guerra fría, carrera armamentística, y nuevas alianzas que, de entrada, cogen a Europa un tanto desunida cultural, política y militarmente hablando. Esas previsibles 'nuevas alianzas', con un retorno contundente de las superpotencias, crearán una 'nueva globalización' cuyas reglas serán impuestas por los tres o cuatro superpoderes mundiales, con la neutralización o control total de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y con una ONU fragilizada aún más. Una 'nueva globalización' en base al renacimiento de los 'nacionalismos de las superpotencias', cuyas pretensiones no pueden ser otras que un 'nuevo reparto' de zonas de influencia con tendencias imperiales (Rusia ya está en ello y China va controlando el área del Extremo Oriente y el poderoso Mar de China). Los 'discursos electorales' del candidato Trump dejan entrever un retorno al 'bilateralismo' ('Estados Unidos ante todo', con las tres o cuatro superpotencias) en detrimento del «multilateralismo» (debilitamiento de la ONU, la OMC, la UNESCO, la UE...), ahondando en la 'desregularización' a nivel global y cerrando la via a una 'autoridad mundial' consensuada por todos los países.

El legítimo discurso de una 'ética mundial' y de una 'ecología que integre e incluya en la casa común' (papa Francisco, entre otros) será más válido que nunca ante el panorama aún más sombrío que se avecina. Las superpotencias en acción sólo las mueve la extensión progresiva de las áreas de poder y la codicia como motivación exponencial en la expansión de sus economías y de sus capitales financieros. Las personas pasan a un segundo plano; y la diversidad cultural y la escala de valores de pueblos y naciones, también.