Diario Sur

Mis notas del Unicaja - Barcelona

Éxtasis. El baloncesto puede ser maravilloso y ayer fue uno de esos días en los que este deporte depara emociones indescriptibles, en un partido en el que hubo prórroga, decisiones arbitrales discutibles, encendidas polémicas y un Unicaja que se sobrepuso a una mala segunda parte para vencer al Barcelona, que sin embargo se impuso en el rebote y tuvo mejor porcentaje en tiros de campo, pero los intangibles favorecieron al cuadro local, como la defensa de Alberto Díaz que desquició a sus rivales. Su nombre coreado por un Palacio lleno y en ebullición es música para los oídos en el ensordecedor ambiente de las gradas.

Decisivo. Solo con casta y orgullo puede explicarse cómo el Unicaja fue capaz de forzar el tiempo extra sin lograr una canasta en juego en los últimos 9 minutos y 34 segundos, en los que solo acertó desde la personal y logró 16 tiros libres, tres de ellos decisivos de Fogg para desencajar a un Barça que se escuda en las bajas para explicar el mal partido de la mayoría de sus hombres.

Secundarios. Sí dio un paso adelante Waczynski, que completó su mejor partido vestido de verde y hasta el minuto 30 fue el más valorado de su equipo; o Ndiaye, que se mostró intimidador hasta el punto de que se convirtió en el jugador con mejor balance entre puntos anotados y encajados. Nadie lo hubiera dicho a falta de 19 segundos si Claver hubiera acertado con un tiro libre y Perperoglou hubiera hecho lo mismo a falta de 7.