Diario Sur

EL ALFÉIZAR

Móvil y contemplación

El móvil ha llegado para quedarse. Evolucionará pero se queda. Compañero de vida sabe de nuestros deseos, amistades, fotografías... Podríamos cambiar la expresión 'si las paredes hablaran' por 'si los móviles hablaran'. Porque algo es evidente: ¡Tienen memoria y además hablan! Hay quien está tan solo que siente su soledad mitigada por la compañía de la voz del móvil. El teléfono, quién lo iba a decir, sirve ya para casi todo. Hasta para mirar y guardar en la memoria de la terminal; no en la retina o el corazón.

Con frecuencia lo comprobamos cuando nos enfrentamos ante una situación que deseamos inmortalizar. Algo que, por cierto, va en detrimento de la capacidad de contemplación. Algo genuinamente humano esto de contemplar con los ojos del alma. La extraordinaria portada de SUR del viernes evidencia en qué sociedad vivimos: centenares de personas buscaban eternizar con sus móviles el momento del encendido navideño de Málaga. Pronto nos extrañaremos al comprobar que alguien simplemente observa o contempla. Habrá quién le pregunte ¿por qué no lo grabas?

La evolución tecnológica va configurando la sociedad de manera completamente diferente a como la conocimos a finales del siglo XX. Esto debe alertar para no perder capacidades genuinamente humanas como es la concentración o la contemplación. Al final como nos descuidemos los animales cogerán la delantera en algunas habilidades extremadamente humanas que con el paso del tiempo desarrollamos gracias al silencio y la mirada del corazón. Ser humanos sin tapujos es tener descarada capacidad de contemplación sin móviles por medio. Y además ejercerla como tarea permanente, es decir, como norma de vida, sin excusas coyunturales. La contemplación posibilita leer dentro. Algo que por otra parte nos hace más humanos y poderosos. Y sensatos y críticos. Igual nos lleva a preguntarnos por qué adelantamos las fiestas de la Navidad a noviembre o por qué los excedentes de comida no se regalan. Hasta entonces seguiremos siendo devorados por las garras insaciables de la economía de mercado. Leyendo bien las cosas desde el corazón y descifrando bien lo que ocurre a nuestro alrededor seremos capaces de vivir con más profundidad este oficio de ser persona. De la mano de la contemplación llegamos a una zona tan nuestra e íntima que podemos tomar decisiones acertadas. La contemplación ilumina la conciencia. Nos hace más humanos. Más sencillos. Más vulnerables, eso sí, cuidado; porque la contemplación expone. Pero también más fuertes.