Diario Sur

VIENEN CURVAS

Un empresario sindicalista

Estamos tan acostumbrados a que el discurso empresarial se limite a ignorar a los trabajadores (salvo para decir que hay que facilitar el despido) que cuando el dueño de AC hoteles , Antonio Catalán, dijo en un foro de este periódico, delante de autoridades de Málaga y de unos cuantos empresarios, que no se puede externalizar servicios como el de camareras en un hotel para pagarles a tres euros la hora, no sabía si levantarme y dar palmas o encender un mechero, como se hacía antes en los conciertos, por aquello de no interrumpir.

La reforma laboral no sólo ha convertido en papel mojado la antigüedad y los derechos laborales, sino que además ha dejado el discurso de defensa de los trabajadores escondido en el último cajón. Como si en ese grito surgido de la crisis de «son todos unos corruptos», que acabó criminalizando junto con los políticos a buena parte de los sindicatos, se hubiera asumido que los trabajadores no merecían tener tantos derechos y que si tenían que ser un poco explotados era por exigencias del guión de la crisis. En fin, un aletargamiento reivindicativo en toda regla.

Qué ironía eso de que sea un hotelero el que coloque el foco de la actualidad sobre el empleo de calidad. Catalán dijo muy clarito cosas como que es culpa de la reforma laboral despedir a toda la plantilla con 20 días para subcontratar después servicios. Responsabilizó también de esa situación a los profesionales que sólo quieren hacer negocio y ya está, «los listos de siempre». Y añadió: «Si hay que ganar más dinero a costa de sacrificar al personal, pues prefiero ganar menos» (Ahí la parte del auditorio empleada por cuenta ajena estaba ya al borde de la lágrima de tanta emoción junta).

Y luego está la otra parte de la película. Pretender que la gente esté contenta no se trata de buenismo simplemente, sino de visión e inteligencia. Porque todo empresario quiere ganar dinero y que lo suyo vaya lo mejor posible. Pero es que resulta que la experiencia y la fidelidad de los trabajadores son un valor fundamental . Y no hay cosa que potencie más un negocio que sus empleados estén contentos y lo defiendan como algo propio. Que cuando 'los explotados' trabajan por imperativo legal la cosa funciona al revés. El mejor activo de una compañía tiene que ser los que forman parte de ella y si el que está al frente de la nave no lo ve así, mal rumbo puede llevar.

Seguramente que Catalán no es una hermanita de la caridad y que entre los 3.500 empleados de AC Hoteles los habrá satisfechos y cabreados, y no todos serán igual de eficientes. Pero el valor de pronunciar ese discurso, con un par, delante de un montón de periodistas no se lo quita nadie.

Sólo queda soñar con que este debate abierto desde la orilla contraria dé algún fruto concreto. Al menos está el gusto de haberlo oído en vivo y en directo y la reacción castiza a sus palabras que no puede ser más que una: «Ole y Ole».