Diario Sur

SIN IR MÁS LEJOS

Tareas de limpieza

Las palabras del presidente de AC Hoteles en el foro organizado por Sur han hecho que corra bien el aire en esas habitaciones de hotel donde tan difícil resulta abrir las ventanas. Se ha arremangado y se ha mojado con un mensaje que ha caído como esa sopa hirviendo que un camarero cabreado puede dirigir sutilmente a la faltriquera de un nuevo empresario del sector. Catalán es un hotelero cabreado con buena parte de su gremio y con el Gobierno por su reforma laboral. Lo de las camareras de piso a tres euros la hora en boca de este 'outsider' de éxito era como una aspiradora de hotel pisando el dedo gordo de la patronal, justo ahora cuando la CEOE , Gobierno y sindicatos andan por la Moncloa a ver si se les pega algo del aire de los viejos pactos para sacar adelante el país. La hostelería en Andalucía y en España crece, el empleo que genera también, pero hay un lumpen con infrasalarios, y toda limpieza tiene que empezar por algún sitio. A las sufridas camareras Catalán les ha echado un cable, que ha sido como airear un wikileaks de vergüenzas laborales que no caben bajo la moqueta del ombliguismo oficial. La precariedad, como el boom, en la hostelería se palpan, y pocas productos tan higiénicos como el mensaje de este apóstata de la patronal desde su megáfono de credibilidad. Catalán lleva desde los 30 años en el negocio y nadie discute sobre el traje ignífugo de la decencia como empresario, aunque algunos lo vean como un pirómano desalmado. ¿Qué pensará Díaz Ferrán, aquel presidente de CEOE y hoy recluso que en plena glaciación de la crisis recomendaba trabajar más y ganar menos y no se fiaba de volar en la misma línea aérea que luego llevó a la quiebra?. Catalán quiere hoteles donde el cliente pueda volar y empleados que puedan vivir. Defiende un modelo donde a la calidad no le basta una pegatina. Sabe de lo que habla cuando asegura que no se puede ofrecer calidad nórdica con salarios tercermundistas. Ha sido el suyo un ejercicio de autodefensa, de solidaridad egoísta si quieren para que la selva laboral no acabe ahogando a los hoteles,a muchas otras empresas y a una economía donde trabajar no significa poder vivir. No se puede pagar a quienes procuran la felicidad del cliente con salarios para llorar. Eso, sin ir a consideraciones sobre una profesión feminizada donde las haya ni a esa desigualdad laboral entre hombres y mujeres a la que hay que echarle un siglo de paciencia, salvo que Catalán se afilie a Comisiones. La calidad turística tiene un precio que no se paga. Lo dicen los sindicatos de la primera potencia turística del Mediterráneo, con permiso de Turquía. Lo dice un empresario de éxito. Mientras, en el Congreso el salario mínimo se convierte en un objetivo de mínimos aunque el salario medio ya sea más bajo que una pensión. Las camareras de piso van a ponerle a a partir de ahora en el pomo de la habitación del jefe, santo patrón a un paso de la beatitud sindical: 'Señor Catalán, puede continuar con sus tareas de limpieza'.