Diario Sur

A lo Panenka

¡Qué partido ganó el Málaga! No se puede estar más deslavazado, menos contundente y tan poco fiable con la pelota. Pero ganó por las individualidades, porque el Deportivo tiene un puñado de futbolistas de 20 o 25 minutos.

Ontiveros será lo que su cabeza quiera. Así de sencillo. Tiene un 'estilo Joaquín', pero también tiene gol. Con los pies puede hacer lo que quiera. Ahora tiene en sus manos ser un profesional para que no se repita lo del año pasado. En Málaga hemos visto cómo se han perdido demasiados jugadores con ese descomunal talento.

Hay que ver muchas repeticiones para intuir si hubo penalti de Ricca. Bikandi debe de tener una vista de lince... Pero también es cierto que el lateral se colocó mal y le dejó el pasillo interior a Bruno Gama, que se encargó de buscar el contacto. Al uruguayo le sobra contundencia cuando no debe y le falta cuando debe (como en los centros).

Cuando un partido acaba con tantos goles, se mira hacia la defensa. No es que los centrales estuvieran para tirar cohetes (Mikel sufrió muchísimo y Albentosa es muy frágil cuando el equipo está medianamente adelantado), pero las dos parejas de medio centro ofrecieron un tono muy bajo. Camacho anduvo desorientado y a Pablo volvió a faltarle firmeza, aunque el movimiento de este en el 3-1 fue muy bueno.

Mucho que hablar de los puntas. Sandro firmó un gol memorable, de los que uno recuerda para toda la vida. Santos ofreció buenos movimientos y sacó partido de su velocidad. En-Nesyri muestra síntomas de estancamiento y tanto él como Ontiveros aportaron muy poco hasta el misil del marbellí. El Deportivo ganó metros desde que se fue Sandro y arriba quedaron el marroquí y Santos, más rápidos.

El Málaga hizo creer a su rival. Los cambios no surtieron efecto mientras que la entrada de Carles Gil y la permuta de los extremos reactivaron al Deportivo. Al equipo le costó salir porque Kameni estuvo otra vez deficiente con los pies. Juande también tardó en meter a Duda, quizá por temor a quedarse sin sustituciones si se lesionaba el meta, pero en cuatro minutos el luso cogió la batuta para mover la pelota. Justo lo que Juanpi no consiguió. Pese a sus buenas intenciones, le falta confianza para ser al menos una parte del que debe ser.