Diario Sur

LA ROTONDA

Morir de pena

Ha muerto de pena. Así calificó el fallecimiento de Rita Barberá su cuñado. Se puede morir de pena. Y de indignación. Y de rabia... Creo que todo ello fue la causa que provocó el colapso que rompió en mil pedazos un corazón ya roto por otros muchos factores de la que fue una alcaldesa elegida en su época como modelo y que, no lo olvidemos, ostentó el cargo en Valencia durante 24 años con mayoría absoluta una tras otra, o sea con el apoyo popular y de las urnas. Muchos de esos votantes se han tirado horas en las colas para despedirla. Ha sido un final impropio e inesperado que ha sacudido las ya temblorosas estructuras políticas españolas, con el aditamento de la desvergüenza de Podemos, de los que ya no podemos ni imaginar su límite, al abandonar el hemiciclo durante el minuto de silencio por su memoria. Salvador Pendón, en su animada cuenta de Facebook, lo dijo más claro que nadie: «Cuando era niño, en mi pueblo usaba sombrero la mayor parte de los hombres. Me enseñaron que, sin excepción, al paso de un entierro se lo quita quien lo lleva puesto. El ajuste de cuentas con la memoria se deja para después». Una lección para los Iglesias, Garzón, Errejón y compañía.

Puede que el corazón de Barberá fuese lo último que se le rompió, pero ella ya lo estaba: «Estoy rota. Todo es injusto, desproporcionado e inhumano», dijo en un 'guachá' al periodista Carlos Herrera tras abandonar el PP de su alma, mientras sentía los ladridos de la jauría política desbordada. Igual que le ocurrió a Manuel Chaves, por ejemplo. O a Gaspar Zarrías. Aquí, en España, la presunción de inocencia no existe, como demuestra en su magnífico libro el catedrático malagueño Ángel Rodríguez, quien fue uno de los primeros en atreverse a decir que «la justicia mediática no es justicia. Ésta no debe ser un espectáculo y los juicios no pueden celebrarse a través de twitter». Rita Barberá tuvo 'la pena del Telediario', como dijo Elías Bendodo. Todo una sinrazón que agujerea hoy muchas conciencias. De todos los lados (incluido el PP), menos las de Podemos, que por lo que demuestran no la tienen. Pero ahora todos miran a otro lado. Ser imputado no es ser condenado, pero el mismo pacto político sobre la corrupción así lo considera absurdamente. El plan de que la política sólo sea ejercida por gente mediocre, sin oficio ni beneficio, sin preparación, sin experiencia y con apenas aspiraciones en la vida sigue su marcha triunfal con los aplausos y los vítores de no pocos, periodistas incluidos. Podemos Andalucía quiere rebajar los sueldos de los parlamentarios regionales. Los ediles de Málaga, sexta capital de España, cobran una paga muy modesta, incluso insuficiente para quien tenga cargas. Es la hoja de ruta populista. Por ella vamos. Y si falla, a chillarle a Rita (o a quien sea). Acusada de blanquear 1.000 euros, pero no condenada. Se murió de pena. No es justo, pero es lo que tenemos.