Diario Sur

A BOCAJARRO

Divorcio latente

Las cuentas no cuadran en los últimos tiempos. El Málaga anuncia una cifra de abonos (superior a 22.000), pero en muchos partidos de la temporada, por no decir casi todos, el dato de la asistencia al estadio (a la que los tornos confieren total verosimilitud ) es inferior en varios miles. Compruébenlo hoy, en un partido a contramano (¿dónde y cuándo se almuerza? ¿Antes, durante o después?) con previsión de chubascos y un rival poco atractivo, por no mencionar el juego de los de Juande Ramos, racial por momentos, pero muy poco brillante.

Con 4.156 espectadores el Unicaja despachó el viernes al Buducnost en una 'apasionante' Eurocup (se clasifican cuatro de cinco en los grupos, de composición impar, algo increíble) para un club con 7.100 abonados. Tampoco encajan las cifras en el baloncesto. En el fútbol español parece claro que cada vez menos será un deporte de estadios en España, salvo en las grandes ocasiones. Con precios prohibitivos y horarios desconcertantes, el público, sobre todo el del interior de la provincia, el infantil o el más veterano, huye. ¿Qué está sucediendo? Asistimos a un divorcio latente, a la dictadura de las televisiones, que son las que hacen posible con sus ingresos el sostenimiento de las plantillas y la competitividad de la Liga. Paralelamente al despiece de horarios crece el 'sillón ball'. Transmisiones de todos los partidos (oficiales o piratas), repeticiones desde todos los ángulos, comodidad y hasta rentabilidad económica. Cada vez hay más pereza, hasta para el abonado. «¿Yo al fútbol? Pero si en la tele se ve mejor... y hace frío». Y añado, jugando a las 13.00, ¿cuándo y dónde se come? ¿Antes, durante o después?