Diario Sur

CARISMAS Y CARAMBAS

Se acabó

Se acabó y esta vez de verdad. La Junta de Andalucía ha resuelto, por medio de los procedimientos correspondientes, la relación agónica que Marbella mantenía con el magnate qatarí Al-Thani. Nos relataron el cuento de un gran puerto deportivo pero no ha habido final feliz, perdiéndose por el camino un gran diseño arquitectónico de José Seguí, mil doscientos atraques, zonas comerciales, el famoso hotel de cinco estrellas, tres mil puestos de trabajo directos e indirectos y más de un lustro de espera. Mientras han venido sucediéndose zancadillas, informes desfavorables y me consta que peregrinaciones por despachos para buscar soluciones, también fueron creciendo las ilusiones de nuestra ciudad por contar con un macroproyecto que nos igualase con cualquier destino turístico de primera. Demasiadas cosas para que se hayan echado a perder.

Durante este tiempo hemos oído un sinfín de versiones al respecto con dudas de si las causas eran particulares y propias del inversor o si se daba el apoyo suficiente a quienes, como el miembro de la familia real de Qatar, venían desde fuera a apostar por nuestras posibilidades. Todas estas cuestiones finalmente han quedado resueltas y contestadas por la propia Agencia Pública de Puertos de Andalucía con la rescisión del contrato de ampliación de La Bajadilla al no iniciarse la obra ni pagarse el canon de la concesión correspondiente a todos los plazos. A partir de este punto, se cumple con la legalidad y vuelta a empezar con el proyecto cuyo objetivo es potenciar el desarrollo turístico de esta ciudad y, por consiguiente, la creación de empleos.

Es el momento para que nos planteemos un debate sobre si, realmente, este es el proyecto prioritario que necesita Marbella o quizás pudiera ser más adecuado dirigir todos los esfuerzos a la ampliación de Puerto Banús. Ya hemos visto que los planteamientos de megaproyectos conducen a muy poco si no están claras las posibilidades reales de los inversores y, ante posibles promotores a la vista, no debemos dejarnos llevar por los cantos de sirena. En todo caso, convendría que se establezcan mecanismos que aseguren la total transparencia de las actuaciones que se lleven a cabo en la búsqueda de inversores, las condiciones que se ofrezcan a estos y que se requieran las garantías adecuadas para evitar especulaciones o planteamientos que fácilmente se lleva el viento.

La situación de Puerto Banús se encuentra en un paréntesis a la espera de que un grupo inversor termine de adquirir la concesión privada, que en 1968 obtuvo la actual propietaria, con la intención de llevar a cabo su ampliación. Pero este cambio está condicionado a dos aspectos fundamentalmente, la espera de luz verde para la ampliación del recinto portuario en número de atraques y zonas comerciales y que la administración pública informe cuando caduca la concesión que aunque la explotación del puerto consta hasta marzo de 2067, con la actual Ley de Costas podría tratarse de un periodo inferior. No sabemos cual es la dirección adecuada, pero merece una reflexión por parte de todos los estamentos públicos y privados a los que afecta la decisión.