Diario Sur

EL RAYO VERDE

A propósito de Rita

La muerte de Rita Barberá podría haberse producido en cualquier caso, porque para morirse no hay más que estar vivo, pero va a quedar en el imaginario colectivo como el máximo ejemplo del sufrimiento que produce la cacería política que se ha desatado en este país en los últimos años. La conmoción que ha causado en el Partido Popular tiene mucho que ver con los remordimientos de sus dirigentes por el aislamiento a que la sometieron, después de haberla obligado a abandonar el partido y las reacciones de su familia no dejan resquicio a la duda del daño infligido. Las declaraciones posteriores culpando a los medios, a los tuiteros o a los rivales son directamente proporcionales a la culpa que siente cada uno de los protagonistas de esta caza al hombre, a la mujer. Además de constituir un ejemplo de libro de incoherencia que no resiste la hemeroteca. Miren, por ejemplo, al ministro de Justicia, ¡de Justicia!, que dijo conmovido que «cada uno tendrá sobre su conciencia lo que ha dicho y hecho sobre Rita Barberá, se le han atribuido barbaridades sin ninguna prueba y sin ninguna justificación», cuando él mismo había declarado no hace mucho que dudaba de que Chaves y Griñán desconocieran las irregularidades de los ERE. Recuerdo al hoy ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, diciendo en la tribuna del Parlamento andaluz que Griñán, entonces aún presidente de la Junta era «el cajero de los ERE» y hasta amenazarle con que iría a la cárcel.

Alguien muy bien informado me contaba hace poco acerca del momento en que un alto dirigente del PP andaluz preparaba el lanzamiento de lo que luego ha sido la gran operación judicial de los ERE. Se le advirtió de que si lo hacía podría tener repercusiones, pero siguió adelante. Sabrían, digo yo, que el partido no estaba para tirar cohetes y ahora, cinco años después, la acumulación de escándalos de corrupción en el PP (Gürtel, Púnica, Bankia, los sobres, lo que quede de Taula, ahora el presidente de Murcia, etc. etc.) ha superado cualquier cálculo. Llegado este punto, el partido pide que se respete la presunción de inocencia. Hasta tal extremo llega el sonrojo que Celia Villalobos ha llegado a proclamar su convencimiento de la honestidad de los dos expresidentes andaluces.

Hay otros casos, no tan sonoros, del dolor por esta persecución. Por ejemplo, el jefe de policía acusado injustamente en aquella supuesta 'teoría de la conspiración' del 11M, que destrozó a su familia. Altos cargos implicados en la 'pieza política' de los ERE están sufriendo daños similares, también sin que nadie recuerde que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

No hay nada más serio, ya lo decía Machado, que el golpe de un ataúd en una fosa. El sonido de la muerte de Rita Barberá aún hoy se hace oír en la vida política con un eco añadido de vergüenza. No confío en que nadie aprenda la lección.