Diario Sur

EL EXTRANJERO

El concejal errante

Desde que el concejal de Podemos, Juan Espinosa, se divorció de las tres concejalas de Málaga Ahora anda a la búsqueda de un despacho que lo cobije de la intemperie municipal. El hombre, una vez presentadas las ridículas facturas con las que pretendía justificar los gastos de representación de su exgrupo municipal, inició una peregrinación por despachos y cubículos en los que aposentar sus reales y desde allí defender la bandera morada a la que hasta ahora ha hecho tan flaco favor. Aquellas facturas, en efecto, nada tenían que ver con las cuentas del grupo. Eran simplemente los primeros recibos que encontró por su casa -gastos de supermercado, alimentación, limpieza, higiene personal- porque las verdaderas facturas se habían evaporado. Cosas que pasan y a las que el concejal no quiso hacer frente por no entrar en el fango. Sin duda un hombre limpio a tenor de los recibos que presentó.

Aquello, sin embargo, no fue lo que motivó el divorcio político sino una consecuencia del mismo. El enlace de Podemos con algunos de los grupos más transversales en los que se apoyó para conquistar sillones municipales o escaños autonómicos se ha resquebrajado por varias partes. El caso del Málaga es representativo de esas trifulcas entre coaliciones apresuradas y convergencias de última hora. El enemigo común -el sistema establecido- no ha bastado para aglutinar tanta disconformidad y a veces tanta extravagancia. La cúpula de Podemos ha sido y sigue siendo una ruleta en busca del acertijo de los votos. Desde la revolución a la socialdemocracia pasando por el chavismo la nueva formación ha ido probando suerte. Sobre la base perenne de la calle, que parece pertenecerle tanto como en su día le perteneció según confesión propia a Fraga Iribarne, la última apuesta de Pablo Iglesias es la juventud. Esperar pacientemente que los jóvenes que se vayan incorporando a la edad de votar lo aúpen a la presidencia del Gobierno mientras que los votantes socialistas se van montando en la parca.

Pero mientras eso ocurre allá en las alturas y en la nebulosa del futuro, los peones de la factoría morada deben seguir predicando y dando trigo. Y en eso está el concejal malagueño. Carne de contradición, busca una dársena en el edificio municipal desde la que ir echando mensajes al mar bravío de la sociedad malagueña. El Ayuntamiento, más que nunca, es una especie de 13 rue del Percebe en la que a Espinosa le han endosado el papel de Vázquez, el moroso habitante de la buhardilla. Y peor. Lo querían colocar en el despacho del jefe de prensa, Fernández Patón, de sus ahora enemigas de Málaga Ahora. La idea quizás sea que Espinosa arda en el infierno que él mismo se ha creado y que de paso espante las musas de Patón que es un buen escritor. Y en eso andan, buscando un lugar para el concejal errante del mismo modo que su formación, tan aficionada al nomadismo ideológico, anda de un lado para otro a la búsqueda de un espacio político.