Diario Sur

Ortiz y el deseo

Torremolinos continúa ajustando cuentas con su pasado. Dos auditorías externas han revelado decenas de presuntas ilegalidades en las cuentas municipales y en los contratos, subvenciones y convenios urbanísticos firmados por el Ayuntamiento en la anterior legislatura. Era un paso necesario debido a la falta de transparencia que marcó la gestión de Pedro Fernández Montes. Ambos documentos responden a un acuerdo alcanzado por la mayoría de la corporación para saber qué se escondía tras la «brillante gestión» cacareada por el exalcalde y su equipo. También el interventor municipal ha confirmado recientemente que el PP dejó un agujero de casi 200 millones de euros en las arcas públicas tras dos décadas de mayorías absolutas, una deuda que lastrará durante años el futuro de Torremolinos.

El PSOE, que gobierna en minoría, ya dispone de la información que lleva años solicitando y tiene la obligación legal y moral de abandonar su particular muro de las lamentaciones y pasar a la acción si considera que se han cometido ilegalidades, como ha manifestado en las últimas semanas. Los delitos, de haberlos, se dirimen en los juzgados, una obviedad que conviene recordar. La encendida indignación del discurso socialista en Torremolinos pierde credibilidad con la rapidez con que la legislatura va deshojando su calendario. Pese a que ha denunciado, con vocación de orquesta, más de una veintena de irregularidades en los plenos y la prensa, el equipo de gobierno no ha trasladado ninguno de estos asuntos a los tribunales.

Mientras la actualidad municipal se enfanga semana tras semana, José Ortiz mantiene una cuestionable estrategia basada en lanzar al barro a su número dos, Maribel Tocón. El alcalde ni siquiera se ha pronunciado sobre las auditorías, uno de los acuerdos programáticos que le dieron la vara de mando el año pasado. Entre la continua intromisión partidista de Fernández Montes en contextos institucionales y este paso de puntillas por cualquier asunto que huela a polémica existen varios términos medios, pero Ortiz se ha acomodado en un proyecto de ciudad ideal que únicamente parece viable en su imaginación. Las cartas que le han tocado jugar son otras, y están lejos del tiempo pasado que suele evocar en sus discursos, plagados de anécdotas sobre las visitas de Cernuda, Dalí o Sinatra a Torremolinos. La nostalgia no arregla fachadas ruinosas ni reduce el plazo de pago a proveedores, aunque la mención cernudiana no puede ser más acertada; el poeta reunió su obra bajo el título 'La realidad y el deseo'. Sepamos distinguir.