Diario Sur

LA ROTONDA

La Rosa más pobre

Cómo cuesta digerir aún la historia de Rosa, la anciana de 81 años que la semana pasada perdió la vida cuando su casa de Reus ardió por las velas con las que se iluminaba desde que hace diez meses le cortaron la luz que no podía pagar. Es difícil saber qué circunstancias se produjeron antes de este desenlace. Ni siquiera es prudente especular sobre qué esquinazos pudo darle la vida a Rosa para acabar sus días condenada a la miseria y al olvido. 'La del segundo B' era como la conocían los pocos vecinos que tenían contacto con esta mujer.

Quién sabe. La crisis ha dejado todo esto como un vasto jardín desecado donde es muy complicado distinguir la broza de la ruina. Pero, por encima de todo, lo que más indigna es el bochornoso espectáculo de la Generalitat de Cataluña y Gas Natural, que llevan una semana intentando arrojarse la culpa sobre el hecho de que nadie alertara de la situación de precariedad extrema en la que vívia esta pobre anciana. Es cierto que los ayuntamientos actúan en muchos casos como escudos de quienes han caído en las redes de eso que hemos dado en llamar pobreza energética, el nuevo eufemismo para explicar que el hambre es un poderoso inquilino que espanta hasta el calor elemental de un hogar.

Y parece que Rosa, la del segundo B, estaba en esa lista. O no. En fin, ya sabemos la precisión con la que las administraciones afinan si a usted o a mí se nos despista un céntimo en nuestras obligaciones fiscales y, en contraste, lo torpe que llega a ser esa misma maquinaria burocrática si se trata de alertar de una emergencia social, atenderla; o de detectar la saca de 174 millones de euros que los Pujol se llevaban caminito de Andorra, por poner un ejemplo.

Lo cierto es que ahí andan a ver quién se come este marrón. Da náuseas imaginar a ese conseller urdiendo histérico un plan para que el cadáver de la anciana no vaya a pasarle factura a su carrera política y tenga que dejar en la estacada a los cuñados y amiguetes que esperan un carguito o una adjudicación a dedo. La misma indigestión que produce pensar en esos estrategas de marketing de la compañía energética diseñando una nueva campaña de compensación de esta tragedia mientras maldicen que haya tenido que suceder justo en la semana en la que Carmina, la protagonista de la nueva campaña de la Lotería, nos haya devuelto la conciencia de lo vulnerables que pueden llegar a ser los mayores.

Así somos, miserables con la miseria porque poco o nada vamos a sacar de ella. Mal vamos si no nos conmueve que alguien muera de frío en el piso de arriba. Sobre todo, porque ni la rosa más pobre merece amanecer marchita entre las cenizas de su propia casa.