Diario Sur

EL ALFÉIZAR

Misericordia

Ayer la Iglesia Católica clausuró a nivel mundial el Año de la Misericordia. La semana anterior se hizo a nivel diocesano; en Málaga más de medio millón de personas cruzaron la Puerta Santa de la Catedral malacitana. En Roma más de veinte millones de peregrinos cruzaron la Puerta Santa del Vaticano. Casi nada. Pero los números ni los son todo ni necesariamente es lo importante. Lo que sí ha sido relevante es que millares de cristianos han experimentado en sus vidas un cambio a mejor. Y eso es lo que realmente importa: cómo la vida de mucha gente repartida por el mundo ha cambiado para bien. Y lo ha hecho hasta en las cárceles donde el Papa recordó a los reclusos que las puertas de sus celdas son puertas santas.

Desde diciembre del año pasado la Iglesia Católica ha celebrado con especial intensidad la cercanía de Dios de manera explícita a los más pobres y pecadores. Y ha dado frutos. Muchos de ellos desconocidos; frutos que remiten a vidas concretas. Frutos que han tenido consecuencias preciosas en la vida de quienes han descubierto la cercanía de Dios en sus vidas. Aunque no sea políticamente correcto contarlo.

En este año la Iglesia Católica ha transmitido su solidaridad y cercanía a los desfavorecidos, ha alertado del riesgo de la indiferencia y ha clamado contra la corrupción. Ha animado a los países a acoger a los refugiados, ha pedido tender puentes y no construir muros y ha defendido la convivencia y la unidad de los cristianos. Algo que no ha gustado a todos. Quizá por ello no haya sido titular de prensa.

No siempre lo que no se comparte es dado a conocer públicamente en los medios de comunicación o redes sociales. Ha sido un tiempo que ha sorprendido a muchos: enfermos, encarcelados, pobres. Y ha hecho mucho bien. Mucha gente se ha acercado a Dios con fuerza de manera explícita.

Francisco, un Papa que no le importa que lo critiquen y que afirma que a los aduladores les tiene alergia, destacó ayer con motivo de la clausura del Año de la Misericordia el valor de la misericordia. Lamentó que la fuerza de atracción del poder y del éxito se presenta como camino fácil y rápido; por eso defendió la importancia de mostrar un amor capaz de vencer nuestros adversarios: la muerte y el miedo. Todo un reto para los próximos años.