Diario Sur

OJO DE HALCÓN

LOS ANÓNIMOS DE LA CANTERA

El sábado pudieron leer los lectores de SUR un extraordinario reportaje firmado por Juan Calderón sobre la evolución del pívot congoleño Okouo, en el que los cuatro entrenadores que lo han tenido en las categorías inferiores del Unicaja incidían en los aspectos que trabajaron con el jugador para su progresión. Eran Paco Alonso, Leandro Ruiz, Francis Tomé y Paco Aurioles. De ellos y de otras muchísimas personas me acordé también cuando vi la alineación que presentó Juande en el Camp Nou. O cuando entró Luis tras la expulsión de Llorente.

Siempre que debuta un jugador, sea de cualquier deporte, rápidamente le atribuimos el mérito al entrenador. Desde luego no se le puede quitar un ápice porque tiene la valentía de apostar por un joven -máxime si le da continuidad-, pero nunca nos detenemos a analizar que antes, mucho antes, numerosas personas han sido cruciales en la formación del deportista. Evidentemente los primeros son los padres, aunque en ocasiones estos desgraciadamente sean más un obstáculo que un aval (sobre todo, en el fútbol).

No me quiero centrar exclusivamente en los entrenadores, aunque estos sean los más relevantes porque a ellos les corresponde tomar las decisiones. Tampoco de los responsables de cantera, aunque deban lidiar con un sinfín de cuestiones. Hablo de 'los anónimos', todos aquellos que, como los propios técnicos, luego apenas tienen la opción de ser los protagonistas. Me refiero, por ejemplo, a los encargados de material, que suelen ser el hombro sobre el que lloran los deportistas, o a otros miembros del cuerpo técnico y médico. O a aquellos que están en las oficinas (el Málaga siempre ha brillado en este aspecto con personas absolutamente tan desconocidas como muy eficaces). O a los que están pendientes de los jóvenes en las residencias o con los estudios. Al final el deportista llega a la élite después de un proceso en el que han intervenido, sin afán de notoriedad, muchas personas. Para ellos, mi humilde reconocimiento.