Diario Sur

La gran luna

La gran luna
/ Sr. García .
  • Nunca falla, no traiciona, incluso nos deja eclipsados cuando aparece en pleno día para recordarnos que todo puede cambiar de la noche a la mañana

La superluna ha comenzado a disminuir de tamaño hasta desaparecer. Le pasa a todo el mundo, sin embargo ella siempre renace. Me acompaña desde que tengo memoria. Cuando llegaba el verano, Alfonso me llevaba a verla todas las noches antes de cenar. Alfonso fue el amigo de mis padres que me habló por primera vez de las mareas y la atracción gravitatoria que la luna ejercía sobre la tierra. Los dos salíamos a la calle y dábamos la vuelta a la manzana, buscando entre las azoteas, hasta encontrarla prendida en el cielo, como una lámpara colgada en el centro del universo. La cara de la luna tenía ojos y me miraba desde casi cuatrocientos mil quilómetros de distancia.

La otra noche nos vimos en Sevilla, estaba inmensa, maravillosa. Curiosamente fue también en Sevilla donde coincidimos un 21 de julio del año 1969. Hay fechas que nunca se olvidan. Aquella noche bajó a visitarnos al comedor de la casa de mis tíos. Al menos eso fue lo que afirmaron en los medios de comunicación, que aquel paisaje desolado por el que caminaban los astronautas era la luna. Entonces me asomé instintivamente a la ventana, como impulsado por un presentimiento, y me sentí reconfortado al comprobar que permanecía plácida y serena en el cielo. Al cabo de los días escuché a mi padre decir a los amigos que lo del viaje a la luna era un montaje de los americanos para distraer la atención de los terribles y auténticos paisajes desolados que existían en la tierra.

Ahora la veo alejarse e ir disminuyendo de tamaño hasta confundirse con la oscuridad para después renacer de nuevo. Igual que nos sucede a nosotros. Me refiero a los ciclos personales, las fases del ánimo, los momentos tristes y los días felices. Desde que era niño dicen que estoy en la luna, ojalá fuera así. Me gustaría vivir como ella, apartado y tranquilo sin quitarme de en medio. La luna nunca cambia de forma de ser aunque parezca distinta. No deja de sorprender y, sin embargo, continúa comportándose igual que siempre. Nunca falla, no traiciona, incluso nos deja eclipsados cuando aparece en pleno día para recordarnos que todo puede cambiar de la noche a la mañana. La luz volverse sombra. Que nada es constante ni eterno. Que aprovechemos el tiempo, el día y la noche. Me pregunto si los eclipses se producen por una simple cuestión de celos. En fin, yo que sé, cuando estoy en la luna se me ocurren las ideas más disparatadas. Me influye sin querer. Nadie ha estado presente tanto tiempo en mi vida como ella. La luna íntima y distante, fiel y cautivadora. Una amiga, una confidente. Me gusta tanto que no quiero dormir.