Diario Sur

LA ROTONDA

Ya es Navidad

Ya está aquí la época más tierna del año, envuelta en sentimientos contradictorios, ceñida a emociones disimuladas que afectan sobremanera al estado de ánimo. No hay coraza que disuada de ese mar de afectos que tienen que ver con la vida misma. Se desvanece por completo la indiferencia en estas semanas. Entre sobresaltos que alteran la rutina de este otoño cobrizo, la publicidad del sorteo del 22 del diciembre -durante muchos años encarnada por un señor calvo que nos deseaba suerte y ahora protagonizada por Carmina, que viene a representar la madre de todos-nos sumerge de lleno en la Navidad.

Ya solo falta el anuncio de El Almendro, para muchos desde luego más que un turrón, sobre todo para aquellos que durante los años marcados por la melancolía continua la distancia no hacía el olvido. El llanto se hace presente así pasen los años. Y es que si el bombo machacón con la melodía de los niños de San Ildefonso canturreando números cautiva sensaciones que tienen que ver con verbos como compartir o con rememorar imágenes de una estación de tren con maletas llenas de ilusión, el 'Vuelve a casa por Navidad' encoge el corazón hasta el punto de que el tiempo es incapaz de borrar recuerdos entrañables que permanecen indelebles en la memoria personal. La ausencia entonces de los seres queridos se hace más intensa, y la mirada languidece entre lágrimas de añoranza. La desaparición de esa persona se hace más incomprensible si cabe.

Esta época desde luego deja gratas acciones al despertarse la solidaridad que siempre nos acompaña, pero de la que nos desprendemos justo en el último mes del año. La Nochebuena puede ser larga e impostada según los recuerdos de antaño; la misa del Gallo puede convertirse en una pesadilla sin certidumbre y la mañana de Navidad puede amanecer con un cambio de humor provocado por la rebeldía interior de no poder abrazar a quien se desea de veras. Y que ya nunca se podrá hacer realidad.

¡Cuánto daríamos por recuperar algunos instantes de esa Navidad de niño donde los sueños no tenían oscuridad y la vida se presentaba como un regalo a disfrutar como ese caramelo relleno de felicidad que calmaba el paladar entre juegos que hacían exhalar el vaho fresco del invierno! Falta un mes, y el consumo se disparará hasta alterar considerablemente el bolsillo -para algunos lo peor de estas fiestas por el exceso de gasto-, pero ya son días de sombrero para guardar los recuerdos, bufanda con la que guarecerse del desamparo que produce la ausencia y guantes con los que secarte las lágrimas que derrama ese amor que se desprende del cielo cuando te acuerdas de quien ya no está.