Diario Sur

FÚTBOL ESCRITO

NOSTALGIA DEL VIEJO WEMBLEY

Al principio los inventores del fútbol, los ingleses, se consideraban a sí mismos los mejores del mundo sólo por haber creado el juego. Actuaban y hablaban, prensa incluida, como si esa patente dotara de calidad técnica a los futbolistas y de inteligencia táctica a los entrenadores. Se autodenominaban los 'Pross', los profesionales, menospreciando así al resto del mundo, sobre todo a los países del Este de Europa, que consideraban a sus jugadores amateurs en una evidente postura política sostenida por el Telón de Acero. Dentro de ocho días, el 25 de noviembre, se cumplen 63 años del verdadero Partido del Siglo, año 1953, cuando por primera vez los 'Pross' perdieron en casa ante una selección extranjera. Fue contra la Hungría de Kocsis, Czibor y Puskas, por un escandaloso 3-6, y en el maravilloso estadio de Wembley. El viejo Wembley, construido en 1921, con sus torres gemelas en la fachada y su planta ovalada que le daba categoría de anfiteatro romano, en el que el rectángulo de juego dejaba un inmenso espacio vacío tras las porterías que engrandecía la soledad de los arqueros y separaba el embarrado campo de batalla de la grada de los 'gentlemen' de paraguas y sombrero. Tenía el viejo Wembley un césped verde claro, casi blanco; y unas porterías inconfundibles con arcos traseros negros sobre los que descansaban las redes. El viejo Wembley acogió también la final del Mundial de 1966, la del gol fantasma de Hurst contra Alemania, que aún hoy no sabemos si entró. Hoy ese Wembley no existe, se vio anteanoche en el Inglaterra-España; lo han cambiado por un estadio anodino, puede que con wifi y calefacción, pero nada más. Los ingleses nunca fueron los mejores, pero tenían el indiscutido templo del fútbol mundial. Y lo tiraron, ellos, los 'Pross'.