Diario Sur

DESDE EL SUR

Otro contrato social

Que dos países que han destacado siempre como firmes defensores de los derechos humanos estén virando y pongan en entredicho algunos de ellos es algo realmente serio. Y bastante preocupante. El triunfo del Brexit y del candidato republicano han sorprendido al mundo por la personalidad de Nigel Farage y de Donald Trump, que no son precisamente unos líderes que arrastren a las masas por su dialéctica o por sus ideas innovadoras. Simplemente estaban allí y han utilizado la vieja arma del populismo. Hay que tirar de la vieja doctrina jurídica de la causa para comprender sus victorias: "La causa de la causa es causa del mal causado". Y la causa de todo esto está muy clara: la gente vive peor. Y cuando el dinero sale por la puerta los valores se tiran por la ventana. Esto es no es nuevo. Ya en Roma se recogía la figura del dictador cuando la situación del país era caótica, o sea, cuando la gente empezaba a tener hambre. No le importaba tener menos libertad a cambio de pan. Lo primero era lo primero. Sirva como ejemplo el resultado en el estado de Michigan, donde está Detroit. La otrora capital del motor es hoy una ciudad fantasma llena de fábricas abandonadas. Desde 1992 no ganaban los republicanos. Ahora lo han hecho por razones obvias. Ya decía Hobbes y después lo desarrolló Rousseau en su obra 'Contrato social' que el pueblo llega a un pacto con los poderes públicos para, en resumen, poder vivir mejor a cambio de concesiones mutuas. Pero si esto no se cumple, se rompe con la otra parte, que es lo que está pasando actualmente y que ya ha pasado en episodios nefastos de la historia. Estamos ante un evidente divorcio social entre el pueblo y los gobiernos. El orden de prelación de la sociedad ha cambiado. Los instintos más bajos salen a flote cuando la economía no marcha. El Estado del bienestar que rige como principio fundamental en la mayoría de los países occidentales está haciendo agua, porque su base está fallando. Hay una insoportable desigualdad salarial, la juventud está convencida de que vivirá peor que sus padres, un sentimiento inaudito, y la globalización se ve como la causa de todos los males. Los grandes partidos tienen que redefinir su estrategia y corregir la situación, porque no se pueden seguir aplicando las estrategias y las recetas del siglo XX en un escenario socioeconómico totalmente diferente. Que nadie se lleve a engaños. Con el estómago vacío es difícil luchar contra la xenofobia, la homofobia o el machismo. Urge cambiar las cláusulas del contrato social.