Diario Sur

Jamón, jamón

En una escena de 'House of cards', Frank Underwood desprecia a quienes no entienden la diferencia entre dinero y poder: «Dinero es la gran mansión que empieza a caerse en pedazos después de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos». La historia demuestra que el dinero no siempre es sinónimo de poder, y la casa de Donald Trump confirma que ni siquiera de buen gusto, pero no menos cierto es que ambas maquinarias, la económica y la ejecutiva, generalmente son puestas en marcha por la misma mano o, como mucho, por manos diferentes de un mismo cuerpo. Antes eran las grandes fortunas y los poderosos quienes estaban más alejados de la realidad, esa construcción abstracta que ahora parece haber pedido el divorcio a los medios de comunicación y las empresas de demoscopia. De tanto tomar el pulso a la opinión pública, el tensiómetro periodístico se ha averiado. Para escuchar a alguien, para arrancarle una declaración sincera, no basta con prestar atención. A menudo resulta necesario dar un paso más, acercarse y quizás abogar, como Chantal Maillard, por el final de psicoanálisis y el comienzo de la compasión, una compasión entendida no desde su significado peyorativo, esa especie de solidaridad lastimosa que despierta más orgullo que gratitud, sino desde su acepción inicial, cercana al desdoblamiento que permite sentir el dolor ajeno como propio. Si Tolstói llevaba razón y todas las familias felices se parecen pero las infelices lo son cada una a su manera, empatizar con el resto de emociones será pan comido.

Cuando hablamos de dinero hay cifras que, de tan inaccesibles para la mayoría, acaban difuminadas en un titular olvidado al día siguiente. Así se explica que los casos de corrupción pasen factura a nivel mediático pero no en las urnas o que la transparencia en la contabilidad de las administraciones públicas no sea una prioridad para casi nadie. Recuerdo la indignación que generó que se dejaran caducar, sin mala intención, algunos centros de jamón en un almacén de Torremolinos. Las reacciones registradas por la deuda que arrastra el Ayuntamiento del mismo municipio, superior a 180 millones de euros, han sido mucho menores en cantidad e intensidad. En todas las casas se sabe qué hacer con un centro de jamón, para cuántos días da, cuál es el precio aproximado y cómo debe conservarse, pero en muy pocas se maneja un presupuesto millonario. Cuestión de cercanía.