Diario Sur

LA TRIBUNA

Turismo arqueológico, mucho más que piedras

Los pasados días 1 y 2 de noviembre se celebró en Luxor (Egipto) la Cumbre Mundial de Turismo Urbano, bajo los auspicios de la Organización Internacional del Turismo. Málaga ha estado representada en este evento a nivel municipal por el concejal y el director general de este área tan importante para nuestra ciudad. El escenario elegido por los organizadores no podía ser más emblemático, Luxor, la antigua Tebas de los faraones, lugar donde el patrimonio arqueológico nos espera en cada esquina.

Allí, nuestro concejal ha dejado caer con la noticia de que «Málaga albergará la mayor colección privada de arqueología de Europa». Suponemos que ello ha debido ocurrir llevado por la egiptomanía que asalta a muchos viajeros al pisar la mítica tierra del Nilo. Se ha obrado el milagro: uno de nuestros próceres locales ha descubierto por fin la importancia que tiene la arqueología como recurso turístico. Lo triste es que para ello tenga que tirar de lo foráneo y lo importado, como ya nos tiene acostumbrados este Ayuntamiento. Mientras, el patrimonio arqueológico malagueño, aquél que refleja lo que Málaga ha sido a lo largo de la historia, yace olvidado, enterrado, desconocido, sin más presencia que los narcisistas 'selfies' de los turistas que abarrotan la Alcazaba y el Teatro Romano. Quienes desean conocer la historia más antigua de Málaga solo tienen a su alcance los libros, raros objetos que una clase política bastante ágrafa en líneas generales no coge ni para quitarles el polvo. Menos mal que pronto se abrirá el Museo de Málaga en el Palacio de la Aduana y, al menos, la ciudadanía podrá entreabrir la puerta de las etapas antigua y medieval de nuestra historia. Pero esto no es suficiente. No podemos permitirnos el lujo de tener un museo público de primer nivel mientras que la mayor parte del patrimonio arqueológico sigue tirado por los suelos y hurtado a la sociedad, sin ningún tipo de inversión en conservación, investigación y difusión. Un legado oculto, sin otra funcionalidad que dormir el sueño de los justos. Y en esto nuestras administraciones autonómica y local forman una pareja artística inseparable, donde el repertorio siempre es el mismo: «no hay dinero», dice la copla.

Este disco rayado no es excusa, porque en los buenos tiempos, cuando nuestras administraciones ataban los perros con la longaniza presupuestaria, hubo muy pocas inversiones para la puesta en valor del patrimonio arqueológico. El problema no es la falta de fondos, sino la ignorancia de los que mandan, más atentos a sus intereses, a su terruño, al espectáculo mediático y a la influencia que ejercen los grupos de presión o los 'gurús' de la cultura para desviar a otras finalidades los pocos fondos disponibles. La arqueología no figura en la agenda de nuestras autoridades culturales. Estamos desperdiciando un recurso excepcional que tiene un enorme tirón social y turístico, siempre que la promoción y el cuidado que se le profese sea similar al de otros temas del sector.

En Málaga tenemos una serie de yacimientos arqueológicos muy singulares que están totalmente dejados a su suerte o con unas inversiones míseras. Quiero señalar especialmente al legado de época fenicia, caracterizado por su excepcionalidad, con lugares emblemáticos como el Cerro del Villar (Málaga), Toscanos (Vélez Málaga) o la necrópolis de Trayamar (Algarrobo). El primero de estos lugares, origen de nuestra ciudad, yace enterrado junto al río Guadalhorce; el segundo no tiene ningún tipo de infraestructura de visita y está acosado por la vegetación y la incuria; mientras que el último, que es la mejor cámara funeraria fenicia conservada en España, se encuentra en un estado de deterioro inasumible en un país desarrollado. Podemos seguir con otros lugares representativos de otros periodos históricos, también sumidos en un absoluto abandono: los enclaves ibéricos de Los Castillejos (Teba) y Cerro de la Tortuga (Málaga), la ciudad romana de Singilia Barba (Antequera), las espectaculares fortalezas andalusíes de Bentomiz (Arenas) y Turón (Ardales), entre otros. Otros lugares ofrecen 'algo' para visitar, pero los servicios que se prestan son absolutamente insuficientes o inexistentes: Acinipo (Ronda), Peñas de Cabrera (Casabermeja), Complejo del Humo (Málaga) o Bobastro (Ardales). ¿Qué decir también de la cantidad de sótanos con restos arqueológicos existentes en la misma Málaga bajo muchos inmuebles urbanos? Una auténtica ciudad subterránea para poner en valor y con unas posibilidades enormes de ofrecer rutas culturales, de la que nadie habla. También hay quien lo hace bien, pero, como decía aquel señor bajito de Barcelona: «hoy no toca».

El lector habrá podido comprobar la dispersión geográfica del patrimonio arqueológico a nivel provincial. Cuando a nuestros representantes se les llena la boca con el desarrollo local, con los equilibrios territoriales, con el modelo de sociedad sostenible., no creo que marginen intencionadamente las posibilidades de la arqueología como elemento vertebrador y como recurso turístico de primer orden. Pienso sencillamente que no conocen nuestra riqueza en este sentido. Tienden a pensar que este patrimonio está en otras partes. Pues claro que lo está. en lugares que llevan trabajando en él más de 100 años, una labor de generaciones.

Por eso, esta ha sido de las pocas veces que, sinceramente, me he alegrado del viaje de un representante político al extranjero a cargo del contribuyente. Nada como la cegadora luz de Egipto para ver la verdad sin matices: la arqueología importa, aunque sea con una colección privada. ¡Qué Amón nos proteja!