Diario Sur

Nuevo desorden mundial

Los más sesudos analistas permanecen desconcertados. Escribía uno de ellos en los últimos días que un puñado de paletos estadounidenses (para ser exactos, unos sesenta millones) nos han hecho la jugarreta de poner al frente de la primera potencia mundial a un individuo sin ninguna experiencia política, nulo conocimiento de las relaciones internacionales y, lo que es peor, una visión de la realidad basada en el ensimismamiento y el menosprecio del otro, ya sean ese otro las mujeres, los que nacieron al sur del Río Grande, los que tienen la piel más oscura o los que profesan una fe diferente. De poco ha servido que la población más cosmopolita y multirracial de las dos costas apostara mayoritariamente por Clinton. Los americanos del interior, blancos, tradicionales y conservadores, se han volcado con el candidato que les ofrecía el orgullo de ser como son.

Y ahora, ahí está. La noche de la victoria, quizá todavía en estado de shock por su propio éxito, Trump ofreció un discurso conciliador, que llevó a más de uno a esperar que se olvidaría de todas las barbaridades que había prometido en la campaña, para comportarse como un presidente más moderado e integrador. Sin embargo, el transcurso de los días, y quizá su progresiva toma de conciencia de lo que es y ha conseguido, le han llevado a volver por sus fueros, anunciando deportaciones masivas y tomando decisiones tan poco ortodoxas, por decirlo suavemente, como colocar a tres de sus hijos en su equipo de transición. La administración de los Estados Unidos corre así el riesgo de ser una simple réplica de la de la Trump Corporation.

En el ámbito internacional, saludan con júbilo su éxito Vladimir Putin y los más atrabiliarios líderes de la Unión Europea, que coincide que no son los más relevantes. Los demás, oscilan entre la felicitación de compromiso y la desolación apenas disimulada. No puede pasarse por alto la frialdad de Angela Merkel y Theresa May, dos líderes conservadoras que distan mucho, en esta ocasión, de celebrar el triunfo del candidato republicano. La alemana ya se encargó de recordar los valores que considera irrenunciables, y que, como ha demostrado con sus hechos, la sitúan en las antípodas de quien, entre otras cosas, propone dar con la puerta en las narices a cualquier seguidor de Mahoma, huya de donde huya. A la británica le ha tocado aguantar que el primer político de su país con el que se fotografía Trump sea el estrambótico Nigel Farage, mientras negocia un Brexit que sin buena sintonía al otro lado del Atlántico será mucho más penoso y dejará aún más aislado al Reino Unido.

Quedan dos meses para que dé comienzo la era Trump y en el ambiente se respira una sensación de caos. Bienvenidos al nuevo desorden mundial. No parece que vaya a ser aburrido.