Diario Sur

LA ROTONDA

El edificio del Ibima

No es por buscarle las cosquillas de la risa a la Consejería de Salud, que el asunto es muy serio, pero es que lo que tendría que ser una realidad incontestable no llega ni al grado de borrador. Me refiero a que el edificio del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima) ni está construido ni se espera que se construya. La credibilidad se logra cumpliendo lo que se promete. Aunque la verdad no tiene más que un camino, los políticos se las ingenian para bordearlo e ir en dirección contraria. En septiembre de 2009, el entonces presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, dijo que el Ibima contaría con una sede en la que estarían unificados todos los científicos. Como el anuncio lo hizo la máxima autoridad del Gobierno andaluz no había por qué dudar de la veracidad de sus declaraciones. En febrero de 2011 se puso la primera piedra del inmueble. Casi seis años después no se ha avanzado ni un milímetro. Los investigadores del Ibima están repartidos por once sitios distintos, situados en los hospitales del SAS en la capital malagueña y en centros de la Universidad. Vamos, que una vez más se ha demostrado que una cosa es prometer y otra dar trigo. La construcción del edificio del Ibima iba ligada a la creación del macrohospital. De hecho, se vendió que la primera piedra del centro de investigación era el pistoletazo de salida para erigir el megahospital. El tiempo ha confirmado que nastis de plastis. Ni blanco ni negro, ni nada de nada. El Ibima sigue sin sede propia y los malagueños continúan sin un nuevo centro hospitalario, moderno, funcional y acorde a las necesidades actuales, que en poco se parecen a las que había cuando en 1989 se abrió el Clínico, último hospital público que se puso en marcha en Málaga capital.

El argumento esgrimido por Salud para justificar que ambas iniciativas murieran antes de nacer fue la crisis. Las dificultades económicas no se cuestionan, pero la cuestión es que los proyectos relacionados con las mejoras sanitarias de Málaga están gafados. Y mientras aquí los investigadores hacen una magnífica labor, pese a las miserias que deben soportar, en Sevilla, Córdoba y Granada hay tres excelentes edificios en los que trabajan los científicos. No se trata de entrar en agravios comparativos, pero la mala pata parece que siempre la sufren los mismos. Los científicos de Málaga tienen el mismo derecho que sus colegas sevillanos, granadinos y cordobeses a realizar sus trabajos en un inmueble que los reúna. La Junta mantiene una deuda con esos profesionales y debe pagarla si no quiere perder su crédito.