Diario Sur

EL ALFÉIZAR

El golpe

Es lo que tienen las democracias. En ocasiones las mayorías pueden equivocarse. La verdad y la justicia no quedan garantizadas por el consenso de una mayoría sino por la transparencia de la razón humana. Algo necesario contemplar a la hora de ejercer el voto.

A lo largo de su vida ¿cuánta gente ha deseado tener mucho dinero? ¿Cuánta ha querido cambiar de pareja? ¿Cuánta ha buscado tener poder para hacer lo que deseara? ¿Cuánta gente hay homófoba? ¿Cuánta ha visto con buenos ojos que se expulse al emigrante porque entiende que quita trabajo o desestabiliza la sociedad? ¿Cuánta ha anhelado vivir mejor? ¿Cuánta ha insultado, abusado o despreciado? ¿Cuánta prefiere vivir solo entre iguales? ¿Cuánta quiere soñar en americano? Esas y otras preguntas básicas responderían a la motivación que puede llevar a un votante a elegir. Cuestiones que quizá se encuentren entre las razones que han encumbrado a la presidencia de Estados Unidos a Donald Trump. Cuentan que los medios de comunicación se arrepienten ahora de haberle dado cobijo. Pero la democracia es así: da su golpe de efecto cuando se tensa la cuerda. Algo se está moviendo en el mundo y en las decisiones de los pueblos. Tanta desigualdad tendría consecuencias tarde o temprano. La gente que ahora lucha por llegar a fin de mes está cabreada. Para esa gente, Trump es la respuesta al sistema que destrozó sus vidas. La gente busca vivir bien, necesita vivir bien. Y hay mucha gente que no vive bien. Y que tiene el poder de decidir.

La realidad evidencia que el sistema está cambiando. Algo que afecta al liderazgo y a la gestión de la situación de crisis económica y ética. Es deshonesto que alguien sea multimillonario. Quien vive así ¿puede erigirse referente moral para construir una sociedad? Salvo que la moral vaya en la dirección de la perversión del capitalismo neoliberal y sea lo que el pueblo desea. Como escribió hace poco Lauren Collins, «si la promesa de Obama es que él eras tú, la promesa de Trump es que tú eres él». ¿Podrá invocarse a partir de ahora el nombre de Dios para que bendiga a América? Quizá haya que invocarlo para que la proteja. Confiamos en que como es habitual no coincidan las promesas con la realidad y ésta sea mejor que lo prometido. Algo que ya está pasando con la sanidad pública o la política migratoria.