Diario Sur

LA TRIBUNA

¡Ojo con la diabetes!

Desde hace muchos años y una vez más gracias a la hospitalidad de SUR, escribimos una Tribuna hoy 14 de noviembre, día mundial de la diabetes. En esta ocasión queremos centrar la atención en tres puntos. El primero es que el número de personas con diabetes mellitus aquí y en el resto del mundo, sigue aumentando año tras año. Especialmente entre aquellas personas que padecen diabetes mellitus tipo 2, cuya prevalencia en el año 2012 (que es cuando se publica el Estudio Di@bet.es), estaba alrededor del 14 % entre las personas mayores de 18 años. La diabetes mellitus tipo 2 era una enfermedad casi desconocida en el siglo XIX y surge en un momento determinado. Lo que queremos decir, con ello, es que la DM2 es una enfermedad histórica y no la consecuencia de un accidente telúrico e inevitable. El enorme caudal de conocimientos que se está produciendo sobre la diabetes mellitus tipo 2 está sirviendo para proporcionar más, mejores (no todos) y más caros medicamentos para tratarla, pero hasta ahora no ha sido útil para prevenirla. Porque para prevenir algo hay que ir a la raíz y esta no está solo en los genes sino en el modelo de sociedad en la que la pandemia de diabetes mellitus y la obesidad (tan asociadas ambas) aparecen. Y esto son ya palabras mayores. Es difícil que con consejos y buenas palabras logremos que las grandes masas de población del planeta cambien sus hábitos diarios, o como se dice, con tanta cursilería como impropiedad, sus estilos de vida.

La segunda cuestión es que entramos ya en el noveno año de la crisis. Y en este tiempo los grandes perjudicados han sido las personas con enfermedades crónicas, como es la diabetes. Si queremos evitar que aparezcan las temidas complicaciones asociadas a un control clínico deficiente de la diabetes (¡Ojo con la diabetes! es el lema de este año), es muy importante una atención intensiva, multidisciplinar y muy cualificada sobre la enfermedad. Especialmente con las personas con diabetes tipo 1 (sobre la que se han producido recientemente importantes avances), pero también sobre las personas con diabetes mellitus tipo 2. La enseñanza de habilidades y la educación terapéutica son los mejores instrumentos para que estas personas no solo sean autónomas (es decir no totalmente dependientes del sistema sanitario) sino sobre todo puedan cumplir aquellos objetivos clínicos que la investigación científica ha demostrado imprescindibles para que no aparezcan las complicaciones. Y estos objetivos no se cumplen en la mayoría de los países del mundo y en el nuestro, diferentes estudios han demostrado que tampoco o no al menos suficientemente. El problema es que con motivo de la crisis se han reducido de manera importante los recursos dedicados, por ejemplo a educación y/o a una atención especializada. Andalucía continúa siendo la única comunidad autónoma que no ha incorporado endocrinólogos a sus hospitales comarcales, las personas con diabetes (por lo general más vulnerables que el resto de la población), tienen que cargar con los costes crecientes de fármacos y tiras o, por poner un último ejemplo, a las colonias de los niños con diabetes, uno de los instrumentos más poderosos para empoderar y ayudar a estos niños y a sus familias, la Junta de Andalucía ha retirado todo tipo de ayuda y ahora la Asociación de Diabéticos de Málaga (ADIMA), que lleva organizando de manera ejemplar estas colonias desde hace más de 25 años, se ve obligada a hacer encaje de bolillos para sufragar el coste de las mismas, así como el de aquellos niños que, por falta de medios en las familias, no podrían asistir. Numerosos estudios han demostrado que la prevención secundaria de las temidas complicaciones de la diabetes es muy rentable y este ahorro a corto plazo por parte de la administración sanitaria, la sociedad en su conjunto lo pagará mucho más caro a medio y largo plazo. La tercera cuestión de la que queremos dejar constancia en esta tribuna es que mientras el Estado retrocede en sus servicios sanitarios, el sector privado va ocupando este espacio, lo que está comenzando a ser otra fuente de desigualdad en el derecho a la atención a la salud.

Por otro lado dado el elevado número de personas afectadas, la diabetes se ha convertido en un mercado (un mercado cautivo) muy apetecible para las compañías farmacéuticas. El número de medicamentos que están apareciendo para la diabetes tipo 2 es ya difícil de controlar incluso para un especialista en endocrinología. La mayoría tienen unas características comunes: son mucho más caros que los anteriores y aunque ofrecen algunas ventajas también tienen inconvenientes que los profesionales del sistema sanitario público tendrán que vigilar de forma independiente y rigurosa. El Servicio de Endocrinología del viejo Hospital Carlos Haya tiene ya más de un cuarto de siglo, la Asociación de Diabéticos de Málaga cumple 27 años de existencia, la Federación Española de Diabéticos acaba de celebrar su 30 aniversario. Parece necesaria una nueva mirada sobre la forma en que se está abordando la prevención y la atención de las personas con diabetes. Corresponde a los médicos, profesionales sanitarios y sobre todo a las asociaciones de pacientes reflexionar sobre lo que se está haciendo y como se está haciendo. Lo que no parece razonable es que año tras año sigamos denunciando las mismas demandas irresueltas, continuemos contando personas con diabetes y comprobemos como van aumentando su número y que en ambos casos nos limitemos a las mismas cantinelas que nos han traído hasta aquí. Tal vez sea ya hora de una nueva Declaración de St. Vincent, aquella en la que se recogía en el año 1989 el consenso de todas las partes implicadas en la atención a las personas con diabetes y que nos cambió la manera de mirar la cuestión de la diabetes.