Diario Sur

CARTA DEL DIRECTOR

RECORRER EL MUNDO

En una reciente conversación con el secretario general de la Organización Mundial de Turismo, Taleb Rifai, me reiteraba su empeño en considerar el turismo un derecho del ser humano. Conocer otros países, otras culturas. Al fin y al cabo, disfrutar del mundo. Es evidente que en una sociedad amenazada por guerras, hambrunas y pobreza hay otros derechos prioritarios, pero para el mundo privilegiado es cierto que el turismo se ha convertido en algo más que en disfrutar de unos días de vacaciones. De hecho, la progresión del turismo ha sido espectacular en las últimas décadas: si en 1980 las llegadas de turistas internacionales a escala mundial alcanzaron los 278 millones, en 2015 se alcanzaron los 1.186 millones. Y subiendo. Basta echar la vista atrás y observar cómo no hace mucho tiempo no era habitual que las familias viajaran con sus hijos pequeños por el mundo; hoy, es posible que un chico haya viajado antes de ser mayor de edad mucho más que sus abuelos en toda su vida. No debe extrañarnos, por tanto, que ya haya lista de espera para convertirse en turista espacial o que Elon Musk, propietario de Tesla, proponga viajes turísticos a Marte para el 2025.

En este entorno, es lógico que los principales destinos del mundo estén sometidos en estos tiempos a una importante transformación motivada por el importante incremento de visitantes y, además, por los cambios de usos y modelos de los propios turistas y viajeros. Y Málaga no es ajena a este proceso, a una velocidad que exige una enorme capacidad de adaptación para garantizar niveles de sostenibilidad, rentabilidad, calidad, eficacia y valor añadido.

Tanto es así que, inconscientemente, Málaga se está expandiendo como enclave turístico con conexiones cada vez más fuertes con su entorno. Málaga tiene una oferta muy atractiva, pero lo es más si se suman los encantos de la costa y sierra de Cádiz y los atractivos monumentales de Granada, Córdoba y Sevilla. No hay muchos lugares en el mundo con una oferta tan variada en un radio de 250 kilómetros y con una red de infraestructuras que es la envidia de Europa.

Por todo ello el turismo es una gran oportunidad y nunca un problema como desde sectores minoritarios, aunque ruidosos, se pretende hacer ver. La clave está en consolidar y potenciar valores añadidos que ayuden a traducir los buenos resultados turísticos en crecimiento del empleo, aunque sean indirectos. Conectar el sector turístico con el agroalimentario, el tecnológico y el industrial puede ser la palanca sobre la que se apoye el aumento del mercado de trabajo. Imaginen por un momento que los establecimientos turísticos consumiesen productos malagueños o que Málaga pusiera en marcha proyectos de tecnología e investigación con la aspiración de convertirse en el centro mundial del I+D aplicada al turismo. Aunque para ello es preciso la implicación de la administración para aplicar incentivos y ofrecer oportunidades.

Luego, claro, hace falta sentido común que evite masificaciones innecesarias o que garantice que no te sirvan la sopa con el dedo gordo del camarero dentro. Hoy, en la era de los viajeros, de los apasionados por recorrer mundo, tenemos una gran industria de la que aprovecharnos para crecer o mejorar o a la que ordeñar hasta que no le quede ni gota. Entonces, ya será demasiado tarde para adaptarse.