Diario Sur

HABLAR Y VIVIR

¡IMBÉCIL, LO QUE IMPORTA SON LOS SENTIMIENTOS!

Y ganó Trump frente a todos los pronósticos. He escuchado a un ilustre analista demoscópico afirmar sin rubor que las encuestas no se han equivocado porque no predicen, solo señalan tendencias. ¡A buenas horas mangas verdes! Los ¿expertos? se han equivocado una vez más y una vez más se muestra que esta disciplina es una ciencia humana y no exacta, si es que existiera alguna a la que aplicar el adjetivo. Basta mirar el mapa para ver el fracaso de las predicciones.

Desde la modestia afirmo que he vivido algunos años y muy feliz en USA y me parece oportuno señalar que se habla del continente, que eso es y no una nación con nuestras dimensiones, con una holgura y un desconocimiento profundo. Es un grave error creer que USA es Nueva York, San Francisco o Miami. USA es muy diversa y muy heterogénea. He vivido en Florida, en Carolina del Norte y Nueva York. He recorrido muchas millas y he conocido mucha gente.

El Hilton está en una esquina, no lejos de la antigua sede del Instituto Cervantes. Por razones del cargo he asistido a actos en sus salones y lo primero que llama la atención es que el ganador ha elegido un espacio bastante reducido en comparación con otros marcos más acordes con el gran espectáculo de unas elecciones. Dicen que el candidato es supersticioso, puede que no las tuviera todas consigo.

¿Por qué ha ganado Trump? Es sencillo: porque aplicando el sistema electoral norteamericano ha obtenido la mayoría de los votos electorales. Como si esto fuera poco las dos cámaras son republicanas. Dos poderes de los tres del Estado están en manos de este partido.

He hecho esa afirmación de Perogrullo porque se ha llegado a dudar de la libre y democrática elección de los ciudadanos. Guste o no, esta es la realidad. Con ese desconocimiento al que me he referido se busca una causa cuando son varias e incluso contradictorias. La aplicación de los modelos racionales y cartesianos al voto popular se muestra herrada.

Trump ha hecho una campaña brutal, salvaje, ha recurrido a todas las argucias, a todas las tretas, a los insultos, a los golpes bajos. Nos puede parecer lamentable y lo es pero ha sido eficaz. Su lenguaje más que directo ha sido una suma de eslóganes, de frases cortas, de imagen exagerada y hasta con toques de caricatura. Se le define como un candidato populista, xenófobo, machista, aislacionista, un candidato duro y muy peligroso. He oído a otro ¿experto? compararlo con Hitler y con muchas semejanzas con los populismos europeos, sean de derecha o de izquierda.

El aislacionismo es doctrina tradicional en USA, tanto entre los demócratas como entre los republicanos. Es una herencia del espléndido aislamiento británico que le fue muy bien durante siglos a las islas. Se trata de un movimiento hacia dentro, un retroceso frente a un sentido abierto de la sociedad en la que se amortiguan y diluyen las nacionalidades. Lo vemos, como se vio desde finales del siglo XIX en extensas regiones de Europa. No hay que ir tan lejos, el problema lo tenemos en casa y de manera aguda.

El presidente electo ha tocado la fibra sensible, los sentimientos, las emociones. Tres ideas: Volver a ser la primera potencia del mundo en todos los órdenes, lo que tendría como consecuencia el crecimiento económico. En segundo lugar ha unido el orgullo de ser americano con el sueño de la gran nación imbatible. Es un regreso al pasado. La imagen de blanco, anglosajón y protestante es la concreción del ideal. Ha atacado la debilidad que según él ha tenido gobiernos anteriores; debilidad que le lleva al desprecio, el mismo que siente por Europa, adormecida, incapaz de tomar decisiones.

Lo curioso es que Trump no es un ejemplo de marine con espada inmaculada. Es un especulador, un multimillonario, sin embargo ha empleado trazos gruesos que han tocado el corazón de los electores.

Aunque esta opinión que sigue no será compartida por muchos, me parece innegable que esta victoria debe mucho a la candidata, tampoco un dechado de virtudes. Lleva toda la vida en política, testigo y protagonista de errores graves y del anquilosamiento del sistema. No ha sabido entusiasmar y no cabe duda de que lo ha intentado sin éxito.

Con tristeza asisto al ocaso de un mundo regido por valores de libertad y solidaridad, un mundo que se ve en peligro por unas doctrinas no antiguas, viejas, y que han producido mucho dolor y ruina. La misma firmeza de los radicales debemos tener los demócratas, sin complejos, legitimados por los valores más nobles de la civilización.

Con todo, una cosa es la campaña y otra el ejercicio del poder. Basta analizar el cambio de discurso en su comparecencia. El tono ha bajado mucho, el lenguaje casi ha llegado a ser conciliador. Ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos.