Diario Sur

LÍNEA DE FUGA

IMAGINADORES

A Juan Jacinto Muñoz Rengel se le ha puesto pinta de samurái. Silencioso y atento, barba rala y moño alto con la melena oscura cayéndole por los lados, como recién salido de una película de Zhang Yimou, con la mirada serena y los modales suaves del cazador paciente. Porque Juan Jacinto acaba de cazar la historia de su vida, al menos, por ahora. 'El gran imaginador', la novela a la que ha dedicado catorce años y un esfuerzo que aún se le adivina al fondo de las pupilas, en las sombras bajo los ojos fijos. Juan Jacinto ha ido creciendo desde la distancia corta de los relatos hasta la mirada telescópica de su gran imaginador, una palabra que no existe para la Real Academia. Y tanto da. Porque Juan Jacinto escribe, sólo escribe, con el fervor de un monje y de un adicto. Es un escritor sin red. O mejor, sus libros son su red. Lo decía el jueves José Antonio Ruiz, librero que alumbra Luces, la pequeña librería más grande de la ciudad que se quedaba estrecha en la presentación de 'El gran imaginador'. Quizá Juan Jacinto sea el gran imaginador. Se lo preguntó Juan Francisco Ferré. Y Juan Jacinto sonríe, habla en un susurro, se escabulle. Un samurái.

Luces, Rayuela, Proteo, Áncora, En Portada, Comic Store... Librerías. Lugares para imaginadores, refugios contra el ruido, la soledad y el miedo que da el mundo. El viernes fue el Día de las Librerías, un San Valentín chungo para tener un detallito con quien sea, con uno mismo. Una forma seca de ver el invento consiste en lamentar la necesidad de una excusa, un poco tonta, para acercarse a una librería, charlar con el librero, dejarse aconsejar y salir por la puerta con la promesa de algunas horas felices. Otra se queda en la superficie, se hace la tonta como forma de ser lista y concluye: si con la milonga del descuento viene más gente, bienvenido sea el Día de las Librerías. Que no está el negocio para remilgos.

Y si algún despistado se quedó sin la rebaja del 5% en el precio, a partir de mañana tendrá la misma oferta en algunos libros chulos seleccionados por los libreros que participan en Papelcontinuo, el festival sobre edición gráfica que destila el entusiasmo y el buen gusto de una de las mejores libreras que conozco: Isabel Hernández, que antes aparecía en la agenda del móvil como 'Isabel Casa del Libro' y que ha cambiado de apellido, de ciudad y de vida. Papelcontinuo abrirá mañana, pero se enrollará el todo en La Térmica entre el viernes y el domingo. Medio centenar de editoriales y talleres con libros y revistas que convierten a cualquier letraherido en el perro de Pavlov. Historias a resguardo de las tapas de la belleza. Y conciertos, conferencias, talleres para la familia y propuestas gastronómicas y la promesa de que allí habrá mucha, pero mucha, gente interesante.

Gente que escribe libros, que los hace a mano, que los esconde por la ciudad para que lo encuentren los niños, 'Cazadores de Libros', el proyecto ideado por Vicente Moros, otro imaginador, que en la mañana se ayer encontraba la complicidad del periódico, de este periódico, para esconder 50 libros en busca de una familia que se los lleve a casa, que los cuide como a una criatura indefensa que promete ser feroz en las manos adecuadas.

Gente que edita libros. Imaginadores. Paco Torres y su buen humor gamberro desde EDA, esa extrañeza pariendo los libros que le da la gana desde hace 15 años. Paco el jueves en la cita con Muñoz Rengel, charlando con el escritor Felipe R. Navarro y un poco más allá, Chantal Maillard levantándose de la silla que José Antonio había sacado para que no estuviera todo el rato de pie.

Juan Jacinto, Paco, Felipe, Chantal, José Antonio, Isabel... Imaginadores, soñadores despiertos en la resistencia frente a quienes piensan que sería posible un mundo sin libros. Ellos tienen imaginación, pero no tanta.