Diario Sur

A CADA UNO LO SUYO

El brazo tonto de Wall Street

Poco original ando en mi columna de esta semana. La victoria electoral de Trump nos tiene en vilo al común de los mortales, con independencia de nuestra nacionalidad o condición. Comparto con el pragmático de turno aquello de que abrirán las panaderías, los niños irán la colegio y los papás al trabajo (el que lo tenga) al día siguiente de que este penco jure el cargo en Washington, pero incluso el más despegado de la cosa internacional coincidirá conmigo en que el gobierno del país más poderoso del mundo en manos de Trump nos puede afectar en muchas cosas, y casi todas para mal. Vaya por delante que estas notas se escriben desde la convicción de que si complicado es comprender tu propio entorno cultural, histórico y social, mucho más lo es cuando de otros aires se trata, máxime en una nación de tanta envergadura, en todos los sentidos, como es EE UU.

¿Qué ha pasado? Es lo más fácil de contestar, Trump, un histrión autoritario, machista, racista, defraudador vocacional y desde luego un enorme bocazas, le ha ganado las elecciones presidenciales a una depurada representante del 'establishment', exitosa recaudadora de donaciones millonarias que apestan por su origen y que por muy feminista que se ponga no logrará enjuagar las lágrimas de las mujeres y de los hombres que han sufrido las acometidas de la maquinaria militar de EE UU en su época de secretaria de Estado. Ambos son expresión de las oligarquías (grandes empresas que no conocen límites morales ni legales para su enfermizo afán de lucro) que supongo que, como todo sector, tiene diversidad de opinión sobre quién les defenderá mejor. La diferencia es que Trump pertenece por derecho propio a esa cuadrilla y ha considerado que él cuidará mejor su cortijo y no necesita «externalizar» la gestión en políticos profesionales a los que considera sus empleados. Puede que a los demócratas les hubiera ido mejor con Bernie Sanders, el senador que le disputó la candidatura del partido a Hillary Clinton, aunque alguien que se denomina «socialista democrático» en EE UU tiene el veto seguro de Wall Street.

La causa de este desastre y el futuro que nos depara con el nuevo inquilino de la Casa Blanca merecen tiempo y mesura en el análisis; ahora quiero creer que los sesenta millones de ciudadanos que han votado a este 'perla' no son de su vil condición aunque no sobra recordar las palabras del presidente Roosevelt en 1938: «Me atrevo a decir que, si la democracia americana parase de progresar como una fuerza viva, buscando día y noche mejorar, por medios pacíficos, las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecería en nuestro país».