Diario Sur

A BOCAJARRO

SINE DIE

La sobresaturación de datos con la que cuenta hoy el periodista deportivo contrasta con las restricciones cada vez mayores a los que nos someten los clubes de élite. Ese caparazón en el que se resguardan las entidades -con entrenamientos a puerta cerrada, límites en las entrevistas, viajes compartimentados...-, sobre todo las de fútbol, tiene su culmen en la información médica, por más que sea arduo hablar de plazos en la recuperación de un deportista. Los galenos nunca quedan expuestos puertas afuera, aunque la desinformación oficial sólo conduce a especulaciones y rumores mucho más dañinos que la transparencia. Pero no venía a hablarles de Nedovic, y sí de Weligton. No hay plazos para su vuelta ni muchos datos sobre su evolución. Anda desanimado, se le nota. Intuimos que puede ir para rato. La defensa del equipo está huérfana mientras de un referente, después de padecer con los dos fichajes específicos de este verano.

Prefiero confiar en que lo veamos pronto compitiendo, aunque lógicamente una lesión de rodilla no es igual a su edad (tanta tralla de profesional) que con 20 años. Seguramente el paso de los años hará más justicia con el que puede haber sido el futbolista extranjero que mejor se ha integrado en Málaga. No sólo por sus negocios, sino por su carácter campechano y paciencia en el trato con los aficionados, su humildad y sinceridad. El defensa denostado injustamente por la prensa catalana por sus 'affaires' con Messi, el brasileño al que apenas conocen en su país, el que no hizo menos méritos que muchos otros centrales que han pasado por la 'canarinha', puede estar ante su última temporada. Pero quiere despedirse como merece. A su nivel. Desde esta tribuna estoy seguro de que la afición sabrá agradecerle los servicios prestados.