Diario Sur

LA ROTONDA

Pobreza infinita

Desde que oteamos el horizonte con la distancia que proporciona cierta edad, siempre hemos presumido de la mayor de las conquistas en el último medio siglo: vivíamos mejor que nuestros padres, pues el mundo había evolucionado gracias al progreso en una centuria ciertamente meteórica; el bienestar era algo apreciado en el día a día, minuto a minuto, y el objetivo vital como herencia irrenunciable era que nuestros hijos recibieran, al menos, un legado similar al nuestro, dejando de lado esa brecha generacional de antaño. Sin embargo, hoy vivimos peor que hace una década. La crisis ha dejado un reguero de infelices que tardarán muchos años, si lo consiguen finalmente, en recuperar su estatus anterior. Recobrar lo perdido se antoja cuasi imposible.

Desde esta perspectiva es desde la que mejor se entiende el resultado del Brexit en el Reino Unido, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos o el fenómeno de Podemos en España. Indignación, incomprensión, ira, rebeldía. expresadas por personas que, hastiadas de los manidos efectos de la globalización, tienden a refugiarse en su pequeño mundo, en su pueblo, en su comarca, en su país, en su familia. Una idea de autoprotección ciertamente desconcertante. El populismo no trae nada bueno a una sociedad que parece alejada del sentido común. Sin embargo, cuando rascas para ver las razones de lo sucedido descubres una sociedad en forma de cebolla cuyas capas desnudan mucha lógica.

Hoy, cuando todo el mundo parece saber de todo, con tertulianos que lo mismo hablan de la energía eólica, de la industria china, del surf en Tarifa, de la crisis griega, del fenómeno de la inmigración, de la educación en Finlandia y de la derrota de Hillary Clinton, hay más confusión que nunca. Entre otras cosas porque hay mucha gente que no encuentra respuestas a preguntas sencillas: que en Bruselas hablen de recuperación y en Málaga, Cádiz o Soria no la encuentren por ningún lado, o que los que sufrieron la maldita crisis y se vieron en el desempleo hoy encuentren un trabajo y cobren menos que antes trabajando igual o más.

Desde esta parte del planeta, que algunos nos quieren hacer ver más pequeño de lo que realmente es, nos resulta inexplicable que el Reino Unido quiera renegar de Europa o que los estadounidenses voten en gran mayoría por un personaje como Trump para que rija sus destinos. Lo peor que hay para la ciudadanía es las falsas promesas, las verdades a medias, las ilusiones rotas, los sentimientos encontrados o la falta de esperanza cuando se creyó estar en el paraíso o se anheló tocar el cielo.

Hoy el mundo es más pobre, y no solo en el aspecto monetario.